viernes, 23 de febrero de 2018

Vida pasajera

Casi nunca reflexionamos sobre nuestro breve paso por este mundo. Muchas veces nos sumergimos completos en nuestras actividades económicas, en nuestro trabajo. Planificamos a largo plazo y nos enfocamos en cumplir esas metas, muchas veces sin importar a qué costo. Muy seguido nos convencemos erróneamente de que el éxito personal y familiar, se centra en el éxito económico y material. Cuan equivocados estamos al darnos cuenta, de que nuestra existencia es frágil y relativamente corta, como para desperdiciarla en suntuosidades. Existe otra manera de ver el mundo, aunque la sociedad actual tenga algunos antivalores prestablecidos, que se han hecho una especie de norma común, y que en algún momento es necesario rompe; esa manera de concebir la vida, se centra en la felicidad minimalista, en disfrutar cada momento de la vida como si fuese el último, sin complicación alguna.
   
El fin último de nuestras vidas, como se ha repetido, es “ser felices y hacer felices a los demás”. Es necesario dar un nuevo enfoque a nuestra existencia, mientras tengamos la oportunidad de hacerlo. Expresar un “te quiero”, un “te amo” a nuestros seres queridos; brindar un abrazo, un saludo fraterno a nuestros amigos y familiares, saber perdonar las equivocaciones y también saber pedir perdón por nuestras malas acciones. Compartir juegos con nuestros pequeños y ser testigos privilegiados de su crecimiento personal. Conquistar una buena amistad con nuestros adolescentes. Saber divertirse, pero también saber equilibrar nuestras vidas con hábitos saludables como el deporte. Lograr que nuestros niños se sientan amados y seguros, al igual que nuestros mayores. Madrugar hacia un lugar predilecto para poder contemplar toda la magnificencia de un nuevo amanecer, escuchar la dulce y fascinante melodía de la naturaleza pura. Mirar el cielo nocturno y poder contemplar la grandiosidad del cosmos; son pequeñas y sencillas cosas que nos harán descubrir, lo bella que es la vida.

viernes, 16 de febrero de 2018

Nuestro deficiente sistema educativo

No podemos dar más vueltas, el sistema educativo ecuatoriano es muy deficiente. El régimen anterior trató seguramente con buenas intenciones, de revertir esta situación, mediante una serie de cambios a nivel administrativo y una importante inversión en infraestructura; con el afán de modernizar la educación. Desde el gobierno se pensó que, construyendo edificios modernos con buen equipamiento, organizando zonas, distritos y circuitos educativos, con gente afín a su movimiento político; se podría cambiar la educación ecuatoriana. Todos estos cambios fueron o son severamente cuestionados por diferentes expertos en temas educativos, que bien parecen tener toda la razón. Mejorar el sistema educativo de un país, no es una tarea fácil, involucra años de estudio y planificación, y los resultados serían medibles a largo plazo. Lamentablemente los ecuatorianos hemos desperdiciado la gran oportunidad de iniciar una verdadera reforma educativa, que nos lleve hacia esa luz del conocimiento y el entendimiento, que tienen países muy avanzado en este tema, como Finlandia, Noruega, Suecia, Corea del Sur, Japón o Singapur.

En nuestro país no terminamos en develar los espeluznantes casos de abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes, que se han cometido en establecimientos educativos públicos y privados del país; que no sabemos a ciencia cierta, por qué fueron ignorados por las autoridades educativas del régimen anterior. En un país donde ni siquiera podemos garantizar la seguridad de nuestros niños y niñas, peor podríamos iniciar una reforma educativa acorde a las nuevas tendencias de la pedagogía contemporánea. Hace poco pude conversar con un niño colombiano refugiado de 8 años, y quedé sorprendido de su carácter y madurez para tan corta edad. Eso es lo que queremos que nuestro sistema educativo produzca: niños y niñas inteligentes, seguros, alegres y solidarios. Porque son ellos quienes tendrán la gran tarea de cambiar nuestras naciones, tan venidas a menos.



viernes, 9 de febrero de 2018

Pawkar Raymi














Bajo el influjo del impredecible clima de febrero, varias comunidades kichwas de Otavalo, destapan sus mejores galas, para celebrar el Pawkar Raymi, la fiesta del florecimiento. Más que una celebración de raíces ancestrales, es una época de recreación, donde el deporte, la música, la cultura, tienen una especial atención. Tiempo en que los ayllus se reencuentran para compartir sus alegrías. Desde que en la comunidad Agato se dio inicio, hace más de medio siglo, tal como se concibe la fiesta actualmente; muchas han sido las comunidades kichwas que lo han replicado, siendo la más importante, la de Peguche; donde prácticamente se ha institucionalizado un repertorio festivo completo. Muchos artistas y grupos de renombre internacional, han desfilado por sus escenarios, y es el evento más concurrido.

Por cuestiones logísticas el Pawkar Raymi es festejado en el feriado de Carnaval, ya que la fecha exacta estaría alrededor del equinoccio, el 21 marzo. La fiesta en un principio giraba entorno a un campeonato de fútbol, pero más tarde intelectuales kichwas dieron un importante aporte, en el sentido de retomar prácticas ancestrales como el “tumarina” y dar un trasfondo eminentemente cultural andino, con el objetivo de fortalecer nuestras prácticas culturales y revitalizar la identidad kichwa Otavalo. Actualmente existen serios cuestionamientos, en el sentido de que el Pawkar Raymi se ha convertido, en un evento meramente comercial y folclórico. Sea cual fuere la situación, enfatizamos que también es una oportunidad para que se abran espacios de diálogo y debate, dentro de las comunidades; para definir la ruta que debemos trazar en cuanto a logros culturales y objetivos comunes, que beneficien a nuestras comunidades kichwas, como entidades étnicas.

En fin, después de una agobiante etapa política, caracterizada por prácticas deprimentes, esperemos que el Pawkar Raymi y el feriado de Carnaval, sea un aliciente para retomar la fraternidad y la alegría entre todos. Felicidades a todos y todas.

viernes, 2 de febrero de 2018

Relajo político

Sea como sea, nunca se debería tolerar la violencia ni la delincuencia. Efectivamente, el expresidente Rafael Correa es un político que despierta pasiones, pasiones que en estos últimos años han sido cultivados intencional o ingenuamente desde las esferas más altas del poder, mediante diferentes mecanismos, la más conocida: la propaganda oficial. Pero el sentido y la inteligencia del común, sabe y dice que al “sembrar vientos, se cosechará tempestades” o el que dice que “Quien a hierro mata, a hierro muere”, dando a entender que nuestras acciones tendrán repercusiones que nos afectarán a nosotros mismos. Los últimos sucesos ocurridos contra el expresidente Correa en Quinindé, en el que tuvo que salir de una emisora radial, en medio de incidentes y apresurado, bajo resguardo policial, es realmente preocupante y condenable. Sin la mínima intención de justificar estos hechos, vale recordar que fueron el mismo Correa y los correístas, quienes han incitado a la violencia verbal desde hace tiempo. Fueron ellos los que destrozaron y rayaron las instalaciones de Alianza País en Quito, son ellos quienes tiempo atrás llamaban a respetar la propiedad privada y pública, quienes ahora rayan paredes con pinturas, incluso sin respetar los monumentos públicos.

Es lamentable ver a un expresidente tratado de esta forma. Mejor dicho, en un mundo civilizado, nadie debería ser tratado de esta forma. Alguien que vive en Estados Unidos manifestaba que, cómo era posible que un expresidente ande haciendo campaña en contra de un presidente, sería como ver a Barack Obama haciendo relajo por todo el país, en contra de Donald Trump. Estas cosas creo que solo pasan en países tercermundistas como el nuestro, donde no terminamos de cimentar férreamente la institucionalidad democrática del Estado ecuatoriano. Es momento de virar esta vergonzosa página de nuestra historia, donde el bribón del barrio hacía de las suyas, y seguir adelante.

viernes, 26 de enero de 2018

Los pasos de Lenín Moreno

Antes de las elecciones presidenciales, el temor más grande de una parte importantes de ciudadanos ecuatorianos, era la continuidad del régimen de la Revolución Ciudadana. El temor se fundamentaba en el despropósito gubernamental de los últimos diez años de Rafael Correa, caracterizado por un cúmulo de hechos nefastos que, por hoy muchos de estos, ya son de dominio general y no valdría repetirlo por enésima vez. Lenín Moreno del oficialismo ganó la presidencia, con un estrecho margen, en unas elecciones “sospechosas” y muy cuestionadas por la oposición. Todo parecía que el carácter blando del nuevo mandatario encajaría plenamente con los planes “oscuros” de Rafael Correa y su círculo íntimo. Muchos involucrados con la opinión pública, oportunamente instamos al nuevo gobierno en la persona de Moreno, a que asuma su papel y responsabilidad histórica frente al país, para sanear no solo la economía calamitosa, sino también recuperar la institucionalidad democrática y la lucha contra la corrupción y la impunidad, que habían campeado alevosamente durante los últimos años.

Por hoy, aunque podría haber algo de desconfianza, el presidente Moreno ha sorprendido a todos, incluso a sus propios excompañeros de partido; con su llamado a un gran “diálogo nacional” y la “cirugía mayor a la corrupción”. Ya descartada la presencia omnímoda de Correa en todos los poderes del Estado, y el llamado del nuevo mandatario a que las instituciones de control, actúen libremente y con responsabilidad, una avalancha de casos anormales en la administración pública, empiezan a develarse por doquier, incluso el vicepresidente de Rafael Correa está con sentencia judicial, por asociación ilícita y a la espera de otros cargos aún más graves. Si el presidente Lenín Moreno mantiene el sendero trazado en su lucha contra la corrupción, si efectivamente logra descorreizar el gobierno, con nuevos cuadros del mismo Alianza País, en especial el frente económico y la cancillería; incluso sin tener el éxito económico deseado, pasaría a la historia como un buen estadista, muchísimo mejor que su antecesor. 

viernes, 19 de enero de 2018

Peguche y su música

Peguche es una comunidad kichwa muy pintoresca de privilegiada ubicación; está a unos dos kilómetros de Otavalo, a un costado tiene un destino turístico muy conocido como es la Cascada de Peguche, lugar que encierra una naturaleza poética, donde se realizan rituales importantes como en la noche del Armay Tuta en el Inti Raymi. Sus habitantes se destacan por su actividad artesanal y principalmente en arte de la música tradicional. Desde la época de los ochenta del siglo pasado básicamente, se han forjado grupos musicales de renombre internacional como “Ñanta Mañachi” y el grupo “Peguche” que prácticamente han desarrollado una escuela musical en esta parte de los Andes ecuatorianos. Otros grupos de música de alto nivel como Winiaypa, han sonado posteriormente y han marcado tendencia en cuanto a estilo y fusión.

En los últimos años se ha notado en toda la región de Otavalo, el surgimiento de otras propuestas musicales que fusionan el clásico “sanjuanito kichwa” con ritmos modernos como el rap, el hip hop e incluso la electrónica, que son novedosas y puede tener una buena aceptación, especialmente entre la juventud. Sin embargo, la música auténticamente tradicional de comunidades kichwas como Peguche, tiene ese saborcito que nos llega a lo más profundo de nuestro ser, y nos enorgullece de lo que somos: runas andinos. Ese ha sido la razón de que por ejemplo yo, siempre vaya a Peguche a bailar el Inti Raymi al son de las “cuerdas” genialmente interpretadas, por amigos como Roberto Lema, Enrique Díaz, Rubén Terán, Humberto Remache, y otros tantos que contribuyen a que lo auténtico siga vigente y suene con sentimiento propio. Esta música, motivo de este artículo, actualmente suena con fuerza, al intérprete del grupo “Mana Maymanta” y parece que gracias a las nuevas tecnologías va a marcar tendencia musical. ¡Qué bueno por eso! ¡Felicitaciones muchachos, que nuestra música brille con luz propia!

viernes, 12 de enero de 2018

Nuestro universo cercano

Desde que el ser humano tuvo uso de razón, siempre al mirar el cielo nocturno, se inquietó de lo que representaba. El brillo de las estrellas poco a poco fue explicado con símbolos terrestres y nacieron las constelaciones. Casi ninguna civilización se abstuvo de observar y estudiar el infinito, antes de establecer que tenía incidencia en el tiempo de nuestro mundo. Antes de que la ciencia se institucionalice como tal, era la religión la encargada de dar explicaciones. Así por ejemplo son dos científicos del renacimiento, Copérnico y Galileo Galilei, quienes cimentan la teoría heliocéntrica del universo, contradiciendo la teoría geocéntrica fundamentada en la filosofía griega y el cristianismo, la cual sostenía que el planeta tierra era el centro de aquel limitado universo conocido en la época. Desde aquellos siglos la astronomía no ha dejado de avanzar, por hoy el ser humano cuenta con telescopios nunca imaginados, con el que puede escudriñar los confines del universo.


Sin embargo, son pocas las personas que tienen conocimiento y conciencia del lugar que ocupamos en el universo. Para tener una idea más o menos clara, el sistema solar más cercano al nuestro es el Alpha Centauri, donde se encuentra la estrella Próxima Centauri, una enana roja ubicada a unos 4,22 años luz de la tierra, esto es unos 39 921 200 millones de kilómetros. Según cálculos que circulan en la Red, en la nave espacial más veloz que se ha construido hasta la actualidad, esto es 40 000 kilómetros por hora, el ser humano tardaría como unos 114 mil años en llegar a Alpha Centauri. Esto es solo para llegar donde el vecino; ya se imaginarán la distancia a otras estrellas o atravesar nuestra galaxia la Vía Láctea, o peor aún, realizar viajes intergalácticos. Por ahora el reto es llegar a Marte, nuestro planeta vecino del Sistema Solar, que está a una distancia promedio de 225 millones de km. Según Space.com, la misión no tripulada del 2011 llamada Mars Sciencie Laboratory, tardó 254 días en llegar al planeta rojo.

viernes, 5 de enero de 2018

Religión, conocimiento y convivencia

Aunque la ciencia y la técnica ha avanzado vertiginosamente durante el último siglo, solamente un porcentaje muy reducido de seres humanos han intentado rebasar los límites del entendimiento humano sobre su propia existencia y el lugar que ocupamos en el universo. El resto de seres humanos todavía se encuentran atados a conceptos arcaicos sobre la existencia y la divinidad. El concepto medieval de dioses caprichosos y todopoderosos, que nos ofrecen el cielo o el infierno, todavía siguen vigentes. Han proliferado sectas y religiones que pretenden compartir una verdad que nace desde algún dogma, o simplemente buscan espacios de poder y dominación, con claros intereses económicos.


En medio de esta realidad, considero que solamente el estudio, la ciencia y la reflexión minuciosa, nos puede liberar y acercarnos a la verdad. A pesar de esto hay que comprender también, de que las creencias religiosas constituyen una fuente de esperanza y luz, para la mayoría de seres humanos, que no han sido capaces de mirar más allá de su propio horizonte. Las religiones como se conoce a través de la historia, a pesar de constituirse en puntos de fatales discordias entre los seres humanos, han podido de alguna forma establecer con buena influencia, normas de comportamiento éticas y morales en la mayoría de las sociedades. Sin embargo, a estas alturas de la civilización del Homo Sapiens, en la que, casi la mayoría absoluta de sus miembros profesa alguna creencia religiosa donde se predica la piedad y la hermandad, no se ha podido desterrar la violencia, el egoísmo y la crueldad. Las guerras o las amenazas de aniquilación entre hermanos, están al orden del día. Para contrarrestar esta dramática realidad, se debería dar énfasis en el tema de la legalidad, la ética y la moral laica desde muy pequeños, como un mecanismo de convivencia pacífica, donde prime los derechos humanos sin condicionamientos. Por eso es muy importante, más que todo en términos políticos, luchar por la legalidad, la institucionalidad democrática y un combate férreo e intolerante contra la corrupción.

sábado, 30 de diciembre de 2017

El Año Viejo

En nuestro medio es más tradicional festejar el Año Viejo, que el Año Nuevo. Tal vez esto se deba a la particularidad de la cosmovisión andina, donde el tiempo pasado está frente a nosotros y el futuro está a nuestras espaldas, por eso la alocución kichwa: “ñawpa pacha” significa pasado, traducido literalmente: el tiempo de al frente. A diferencia de la tradición occidental donde se pone énfasis en recibir el nuevo año, celebrarlo con bombos y platillos, como un acto de recibimiento a un nuevo periodo de tiempo, con el optimismo y la confianza de que serán tiempos mejores; en nuestro medio se pone énfasis en despedir el año que culmina; con alegría, comida y bebida, quemando y “llorando” a un monigote que lo representa y simboliza todas las cosas vividas durante este periodo de tiempo, las cosas malas y las cosas buenas que sucedieron.

Recuerdo esta muy tradicional celebración con mucho cariño, desde que era muy pequeño. El Año Viejo era un día muy especial, porque toda la familia y amigos se reunían para preparar el festejo. Los muy hábiles, muy temprano recogían toda clase de ropa vieja, para confeccionar el monigote, el muñeco de trapo que en el proceso iría tomando la identidad de algún personaje conocido de la comunidad. Otros en cambio madrugaban a recoger palmas y armar el pequeño “altar” o escenario. Nunca faltaban los niños que cruzaban la vía con una soga, para pedir a los transeúntes la “limosnita para el viejito”. Las mujeres por lo general preparaban alimentos para compartir con los participantes. Tampoco faltaba el “purito” con el que se preparaba el “hervido de frutas”. Venían las risas, las carcajadas, la comida, la bebida, el baile, la alegría desbordante. El Año Viejo está muy arraigado en nuestros genes, es un espacio para la irreverencia, la sátira para el político del barrio, para el “guapo” de la esquina; donde algunos jóvenes brevemente expresan la “feminidad” que llevan dentro. El Año Viejo es una auténtica fiesta popular, donde se evidencia aquel dicho que dice: “A mal tiempo, buena cara”. ¡Felicidades a todos y todas! 



viernes, 22 de diciembre de 2017

Algo peor que la muerte

La desaparición de un menor, es una tragedia familiar que incluso supera la muerte. Con un niño desaparecido no se podría encontrar paz ni tranquilidad durante toda la vida, sería un martirio, una tortura, una agonía eterna; algo horrendo e indescriptible por lo que han tenido que pasar miles de familias ecuatorianas, como en el reciente caso de la niña lojana Emilia Benavides. La niña Benavides fue encontrada sin vida, con evidentes señales de violencia. ¿Qué clase de monstruo puede hacer semejante daño a una criatura? Como no podía de ser de otra manera, este hecho macabro y demencial, ha conmocionado al país entero; movilizando gente en la misma ciudad de Loja, en las redes sociales, e incluso las autoridades como de la Policía Nacional y Fiscalía, han efectuado una respuesta inmediata, como siempre debería ser.

El rapto de menores debería ser tipificado como un delito igual o peor que la de un asesinato, con la sanción más drástica posible. Más que cambiar normas legales y sanciones, que por cierto reitero son necesarias, es sumamente importante contar con un organismo profesional de investigación para estos casos; algo de la que adolece nuestro país, según Telmo Pacheco, presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador. Algunas personas incluso no vacilan en pedir la cadena perpetua o la pena de muerte, en casos como violación y muerte de niños y niñas, contradiciendo lo que dicta nuestra constitución y la tradición cristiana de los ecuatorianos. Como ya se ha visto, el riesgo de endurecer las penas en países como el nuestro, es la falta de efectividad del sistema judicial, muchas veces supeditado a los poderes políticos de turno, o peor aún a la galopante corrupción que pasea por las instituciones del Estado. Si la justicia no está garantizada, corremos el riesgo de enviar gente inocente a la cárcel, y esto sería lo peor.

El amor y el cuidado a niños y ancianos, refleja el grado de desarrollo de una sociedad, la efectividad de sus instituciones y más que todo la calidad humana de sus miembros. Niños felices e inteligentes, es nuestra garantía para una sociedad mejor.

sábado, 16 de diciembre de 2017

El manto de la justicia

En un hecho sin precedentes, el Tribunal Penal de la Corte Nacional de Justicia, ha sentenciado a ocho procesados, entre ellos al vicepresidente de la República en funciones, pero que no tiene ninguna función, Jorge Glas, a seis años de prisión, como culpables y autores de asociación ilícita, también deberán pagar 33,3 millones de dólares entre los ocho. Además, el juez Édgar Flores pidió a la Fiscalía que investigara otros siete delitos contra Glas y otros condenados; sin embargo, vale aclarar que esta sentencia es de primer nivel y los procesados han anunciado que apelarán el fallo.

Esperemos que este hecho judicial, marque un punto de quiebre en la muy cuestionada justicia ecuatoriana. Es conocido y sabido que la justicia siempre ha estado en manos de los grupos de poder, o políticos de turno que lo han utilizado a su antojo y capricho, para su acomodo o para perseguir a sus opositores. Más aún en estos últimos diez años, en donde todos los poderes del Estado, estaban supeditados a una sola persona, con el poder de un emperador. Seguiremos insistiendo que la independencia de poderes, es la mejor garantía para que la institucionalidad del país se fortalezca. Un sistema judicial independiente y transparente, es necesario para que los ecuatorianos todos, hombres y mujeres, podamos nuevamente creer en la justicia y la legalidad, que es la base fundamental para una convivencia social aceptable. Un sistema judicial que destierre la impunidad en cualquiera de sus formas.

Es el gran reto inicial del presidente Moreno, enrumbar al país en la democracia institucional participativa, revisar la efectividad o reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana, es urgente, para que ciudadanos de altísima probidad ética y sin vinculación partidista, ocupen la titularidad en los organismos más altos de control estatal. El manto de la justicia debe cubrir a todos en las mismas condiciones, a los de poncho o a los de cuello blanco.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Auténticos revolucionarios

No cabe duda que la segunda mitad del siglo XX, fue una época donde se desbordaron pasiones por todo lado, hablando en términos socio políticos. El movimiento hippie, la revolución sexual, el rock psicodélico, la conquista del espacio, la Guerra Fría, y las luchas revolucionarias de izquierda principalmente en Latinoamérica, marcaron historia. Luchar contra el statu quo, el sistema opresor y el capitalismo, era un llamado al que muchos jóvenes idealistas abrazaron en su momento, más con el corazón que con la cabeza. Eran pues otros tiempos, donde muchos perdieron la vida y otros como los barbudos cubanos, tuvieron éxito en captar el poder a través de la lucha armada, para luego implantar a sangre y fuego su experimento socialista. Muchos de nosotros, aunque más jóvenes, pudimos de alguna forma sentir esa apasionante efervescencia política en nuestros corazones, hasta el punto de querer renunciar a todo en favor de la revolución.

Desempolvando la biblioteca familiar, encontré un libro que leí hace unos 30 años: “La ideología sandinista y la revolución nicaragüense” de David Nolan, una excelente obra que devela casi en su totalidad el desarrollo de esta revolución centroamericana. En este libro existe una cita que se refiere al juramento que hacían los jóvenes al momento de ingresar al Frente Sandinista de Liberación Nacional – FSLN: “Ante las imágenes de Augusto César Sandino y Ernesto “Che” Guevara, ante la memoria de los héroes y mártires de Nicaragua, América Latina y de toda la humanidad, poso mi mano sobre la bandera roja y negra que significa “Patria Libre o Morir” y juro defender, con las armas en la mano, la dignidad nacional y luchar por la redención de los oprimidos y explotados de Nicaragua y del mundo. Si cumplo esta promesa, la liberación de Nicaragua y de todos los pueblos será mi recompensa, pero si así no lo hiciese, la muerte en la deshonra y la vergüenza serán mi castigo”. Si valió la pena o no, es otra historia; eran otros tiempos, y estos sí eran auténticos revolucionarios; no como los de ahora, una horda de delincuentes expertos en las artes de la demagogia.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Trifulca política en la hermandad

Causa confusión. No sé si lo que sucede al interior de Alianza País da pena o gloria. Puede ser hasta gracioso ver cómo los mismos responsables de la debacle institucional, moral y hasta económica del país, se hayan pasado a la otra orilla, para ahora sí acusarse entre compañeros. Me refiero hoy a los leninistas que se esmeran por ubicarse en el lado correcto, que condena los diferentes actos de corrupción, e incluso plantean responsabilidades penales a encubridores y funcionarios que cayeron en omisiones, de los cientos de abusos sexuales a menores, ocurrido en instituciones educativas públicas y privadas del país, durante la década correísta. Pero más patético resulta ver al “ala correísta” de Alianza País, “sin sangre en la cara” como diría mi vecina, defender esta tragedia nacional llamada el “gobierno de la revolución ciudadana”, que instauró en el país el despilfarro, la corrupción, la impunidad, el autoritarismo, el engaño; en estos últimos diez años. Ahora después de este desastre, todavía se escucha murmurar por ahí, “pero ya tenemos carreteras” y que costó lo que costó -millones por cada kilómetro- porque fueron trazados en la serranía y que no nos debería sorprender porque en el país siempre hubo corrupción. Como diría alguien: ¡vaya defender a su abuela!

Alianza País está en su punto más alto de ebullición; por un lado, dicen que regresa Correa, que por cierto no sé cómo hará este señor para caminar tranquilamente por las calles ecuatorianas; por otro lado, el presidente Lenín Moreno no se amilana, sino más bien lo reta a que no se esconda en las fronteras, y ambos han convocado a una convención nacional, cada uno por su lado. Señoras y señores, aquí va a arder Troya y no sabemos como terminará esta trifulca política dentro de la hermandad. Por el bien del país esto tiene que llegar a su fin, y el final solo será provechoso cuando todos los corruptos y encubridores vayan a la cárcel y devuelvan al país todos los bienes mal habidos.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Luis De la Torre Amaguaña

















Era uno de esos días un tanto tristes en la comunidad de El Topo de hace ya muchos años, más arriba de San Pablo, en Otavalo. El recuerdo en mi memoria permanece intacto y veo a Luis De la Torre, con guitarra en mano y su potente voz, interpretar la canción que decía: “Sapak inca Atawalpa, ankalli runa Atawalpa…katari Atawalpa, runa rebelde Atawalpa”. El gran amigo, el gran maestro, el gran intelectual kichwa; hoy ya no está con nosotros, ha partido hacia el infinito, ha regresado como decía su hermana Luz, al regazo de la Pachamama; porque surgimos de la tierra y a la tierra volveremos; porque somos polvo cósmico y como tal regresaremos al cosmos, para ser parte de la energía que transforma el universo. El recuerdo viene de esos años en que hacíamos esfuerzos grandes por sacar adelante al Proyecto EBI -Educación Bilingüe Intercultural-, y Luchito como lo llamábamos cariñosamente, era el Director Nacional de este proyecto educativo de innovación.

Runas estudiados hay muchos, pero runas intelectuales hay muy pocos, y Lucho era uno de esos principales, parte de esa generación de kichwas que se habían preparado académicamente y que habían rebasado todas las expectativas. Cuando regresó nuevamente a San Roque, nos encontrábamos casualmente y siempre fluía una conversación extendida y provechosa, como no podía ser de otra manera.

Reflexionamos y nos damos cuenta de las ironías de la vida, al ver a gente incapaz lucrando de la política por décadas; mientras personajes como Lucho De la Torre, un hombre extremadamente preparado para asumir una función de elección popular, nunca lo pudo hacer. El pasado martes ya cerca del mediodía, pude saludarle brevemente de pasadita, sin imaginarme que eran sus últimos pasos. Hemos perdido a un gran ser humano, pero su memoria y legado permanecerán por siempre, como un ejemplo claro para las futuras generaciones de kichwas más que todo. Mis condolencias a sus hijos, hijas y demás familiares que lloran su partida.

El tesoro de Atahualpa, sí existe

Después de que el inca Atahualpa fuera capturado por los españoles en Cajamarca y haber ofrecido por su propia boca, el apilar una habitación llena de objetos de oro y plata, como pago por su liberación; la mayor parte del botín llegó desde Cusco y la parte sureña del Tahuantinsuyo, que en esos momentos estaba en manos de los generales quiteños, quienes habían llegado triunfantes a la capital imperial. En la parte norte, en Quito, Rumiñahui hizo efectivo la orden del Inca, y “según el cronista Fernández de Oviedo, llegó a recaudar 70 000 cargas de oro y plata que iban a ser transportadas a hombro de 15 000 porteadores, cuando llegó la noticia del ajusticiamiento del Inca”. Ante la fatal noticia y previendo la inevitable incursión de los extranjeros, el general quiteño hizo un movimiento rápido, para esconder tan descomunal tesoro, al oriente de Ambato, en la zona de los Llanganatis.

Un tal Valverde, “un modesto soldado o burócrata español”, posiblemente del siglo XVIII, “que desposó a la hija del cacique de Píllaro, quien al tomarle confianza y afecto, le reveló donde se encontraba el tesoro oculto”, habría llegado al lugar para tomar una ínfima parte y convertirse en un hombre muy rico. De vuelta en España y antes de morir decidió revelar el secreto al Rey, el origen de su fortuna, adjuntando a la carta un derrotero o guía. Muchas expediciones se han organizado desde entonces y muchos han perdido la vida en el intento, pero se conoce que uno de ellos, un holandés de nombre Barth Blacke, al intentar dar sepultura a un compañero que murió, “se topó accidentalmente con un tesoro del que extrajo 18 piezas de oro”.

El sueño de descubrir este fabuloso tesoro, en la actualidad todavía continúa intacto y no faltará quien lo siga buscando. Más allá del mito, lo real es que los captores de Atahualpa se hicieron con un tesoro, que les costó un mes entero solo en la fundición y sumó 6 087 kilos de oro y 11 793 kilos de plata. Durante su cautiverio el Inca quiteño “se había ufanado de su fabuloso tesoro” de Quito. Esto nos hace presumir que el tesoro, el que Rumiñahui ocultó incluso con su vida, sí existe y que sigue indemne.