viernes, 31 de octubre de 2014

Cementerio indígena

Alguien decía que en Otavalo hasta los cementerios están separados, uno de mestizos y otro de indígenas. La estúpida inercia de todos nosotros y en especial de las autoridades de poder efectiva, es innegable. Si no somos capaces de vivir la unidad en la diversidad y de respetarnos en nuestras diferencias, hasta me atrevería a decir que deberíamos ir pensando en abandonar la tierra que nos vio nacer. Más acá de esta penosa realidad, el cementerio indígena de Otavalo, desde que fue entregado a las comunidades usuarias, se ha convertido en botín apetecido de ciertos dirigentes, no todos, que a vista y paciencia de sus dueñas, han usufructuado a sus anchas, desde los inicios mismos de la “autoadministración”.

A veces la lidiadera sirve para aprender, pero en el caso del cementerio indígena la lidiadera es crónica y proyecta de alguna forma la incapacidad de sus dirigentes de gestionar una administración formal, cumpliendo con los requerimientos técnicos y legales que demanda una empresa o institución que maneja recursos económicos públicos o comunitarios. A veces a merced del discurso indigenista, se renuncia a parámetros de convivencia o gestión que son universales y aplicables a cualquier sociedad. Muchos dirigentes confunden el término empresa con privatización y rehúyen ante cualquier deseo de formalizar algún emprendimiento comunitario, para que sea efectiva, transparente y auto sostenible.

Es necesaria que la juventud indígena profesional se involucre más en los asuntos comunitarios, para que ellos den luces a los dirigentes en temas relacionados con la administración. El problema no es la incapacidad en sí misma, sino la visión y la noción de la evolución cultural que ha sido ampliamente politizada y secuestrada por una arenga etnocentrista, que nos priva muchas veces de las bondades del desarrollo. Como un ejemplo concreto pongo a colación el éxito de las cooperativas indígenas de ahorro y crédito, un ejército de jóvenes indígenas profesionales y otros no, que se han vuelto diestros en la administración de empresas a nivel nacional, y esto lejos y aparte del discurso lloriqueante y paternalista que se ha adueñado del movimiento indígena.

Verdades a la luz

Esto no es una fantasía, tampoco es un best seller que al puro estilo de Dan Brown, pretende excavar lo más profundo de nuestras creencias religiosas, para levantar una polvareda de pasiones, vender y acumular cantidades exorbitantes de dólares. El libro de Charles C. Mann que en castellano se titula, “1491: Una nueva historia de las Américas antes de Colón”, es un ensayo histórico, con un amplio sustento arqueológico por ende científico; tendiente a marcar un hito y un rompimiento, de lo que hasta ahora hemos tenido de verdades históricas, en lo referente a la América precolombina. Cuando nuestros “taytas y mamas” hablan de nuestro esplendoroso pasado, no es en son de una añoranza romántica, de una civilización truncada por la llegada de los peninsulares, sino que después de varios siglos opacidad, sigue grabada en la memoria de nuestros genes.

Charle C. Mann, uno de los periodistas de ciencia más serios y respetados de EE. UU., revela que de conformidad con los descubrimientos recientes, en distintos campos del conocimiento, la población americana -los indígenas de América-, era muchísima más numerosa de lo que se pensaba hasta ahora, millones de personas a lo largo y ancho de este continente, localizadas casi todas ellas en asentamientos permanentes, dotadas de una cultura enormemente rica y variada, con acceso a tecnologías avanzadas y con un importantísimo impacto al medio ambiente, hasta el punto de afirmar que el Amazonas es más bien un producto de la actividad humana, “un artefacto humano” más que de la naturaleza; contradiciendo la afirmación casi religiosa del ambientalismo militante. La selva amazónica según arqueólogos y científicos, pudo haber sido una suerte de un inmenso cultivo de árboles, que proveían de sombras para muchas especies productivas, que dotaban de alimentación para los numerosos habitantes de esa región. Esto se pudo confirmar cuando desde un avión se pudo visualizar, una vez abierta la selva por la deforestación, grandes obras de ingeniería agrícola y urbana en la zona del Beni, en Bolivia.

Otra de las revelaciones suministradas por Mann, es que las inmensas praderas de Norteamérica, fueron creadas por los indígenas, gracias a grandes incendios controlados, con el fin de abrir espacios para el pastoreo. O que la primera ciudad de la historia, apareció en el desierto de lo que ahora es Chile, antes que en Mesopotamia, como afirma la historia tradicional. A la fecha, en el llamado Nuevo Mundo, había más habitantes que en el continente europeo y algunas ciudades como Tenochtitlán, tenían una población mayor que cualquier ciudad del viejo continente; con agua corriente, hermosos jardines botánicos y calles de una limpieza inmaculada. Para más pruebas recordemos las figuras de Nazca o los monolitos de Tiahuanaco, para solo mencionar dos, a los que incluso se les atribuye a visitantes de otros planetas, por restar méritos a nuestros sabios ancestros.

Ahora se preguntarán, ¿qué es lo que pasó con esas brillantes civilizaciones, adelantadas para su época? Eso fue antes del apocalipsis de una pandemia, que se resume en la palabra virus, en especial de la viruela, una de las armas de destrucción masiva más poderosas que introdujeron los invasores y que prácticamente aniquiló la quinta parte de la población mundial.

sábado, 18 de octubre de 2014

Los kurdos y su lucha

La historia contemporánea todavía está llena de acciones, que tienen que ver con la lucha por su liberación, de muchos pueblos alrededor del mundo. Un ejemplo concreto es el caso de los kurdos, un pueblo marcado por el colonialismo y los conflictos bélicos del Medio Oriente, durante más de dos mil años. Pero repasemos quienes son los kurdos: Es la minoría étnica sin Estado, más grande del Medio Oriente, con un aproximado de 30 millones de personas, repartidas en lo que actualmente comprende Turquía, Siria, Irak e Irán; pero unidos por una lengua propia, una cultura milenaria y un sentido de nacionalismo, que todavía no se ha dejado arrebatar sus sueños políticos de tener su propio Estado, llamado Kurdistán.

En la época actual la geopolítica marcada por el belicismo, nuevamente se llena de protagonismo en la región de Oriente Medio. Como relevo de la otrora organización paramilitar yihadista Al Qaeda, el llamado Estado Islámico, se ha hecho con amplias regiones de Irak y Siria, al amparo de los conflictos bélicos que asedian a esas naciones. Es en este contexto que los kurdos ubicados en el norte de Irak, que tenían una cierta autonomía política, han ganado protagonismo internacional al enfrentarse al extremismo del Estado Islámico, organización catalogada de terrorista, que tiene como objetivo establecer en esa región, tal cual como su nombre lo dice, un Estado islámico fundamentalista y antioccidental.

El ajedrez geopolítico mundial, nuevamente les lanza la oportunidad a los kurdos, de reclamar y abogar ante la comunidad internacional, su derecho histórico de establecer su propio país. Pero los protagonistas en este juego político de fichas, no dejarán fácilmente que las aspiraciones kurdas florezcan, como es el caso de Turquía, país donde está una de las mayorías kurdas que ha reclamado a las autoridades locales, que se les permita cruzar la frontera, para unirse a sus hermanos que combaten al Estado Islámico en Siria. No podemos ocultar nuestra simpatía, por los pueblos milenarios que luchan por su libertad.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Sarayaku y los derechos indígenas

Sarayaku es una comunidad indígena kichwa de la Amazonía ecuatoriana, específicamente de la provincia oriental de Pastaza. Su nombre que en castellano significa “río de maíz”, ha trascendido las fronteras nacionales y se ha convertido en sinónimo de resistencia y dignidad para los pueblos indígenas del continente, más que todo, por su lucha contra la explotación petrolera en sus territorios ancestrales. No hace mucho esta comunidad fue tema de noticia internacional, por acoger dentro de su territorio, al exasambleísta Cléver Jiménez, su asesor Fernando Villavicencio y Carlos Figueroa, quienes fueron sentenciados por injuriar al presidente Rafael Correa. El hecho fue comentado como una especie de asilo político, dentro de una comunidad indígena. Recordemos que en 1992, en el gobierno de Rodrigo Borja, se adjudicó a este pueblo indígena unos 135 000 hectáreas de su territorio.

En el litigio mantenido con el Estado ecuatoriano, la comunidad de Sarayaku salió favorecida con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2012, el fallo determinó la responsabilidad del Estado ecuatoriano, por no haber realizado una consulta previa, libre e informada, sobre la explotación petrolera en sus territorios, y paralelamente ordena reparar a la comunidad, por violaciones a sus derechos colectivos, enmarcados en instrumentos jurídicos internacionales vigentes, como la de haber colocado explosivos en su territorio ancestral, sin su consentimiento. La sentencia de la Corte supranacional, a más de pagar una indemnización a la comunidad, en un hecho inédito, también obliga a que el Estado ecuatoriano pida disculpas públicas a la comunidad afectada, que en efecto se produjo el pasado 1 de octubre.

La legislación internacional vigente, de la cual Ecuador es subscriptor, como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos indígenas, o el Convenio 169 de la OIT, reconoce plenamente los derechos de los pueblos originarios a escala global. Lamentablemente la falta de actualización, el desconocimiento de juristas y políticos sobre derechos indígenas, ha entorpecido sincronizar con las legislaciones nacionales y por ende obstaculizar su aplicación.

Es propicio recordarles que en Asamblea General de la ONU, el 13 de septiembre de 2007, afirma “que los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos…” y reconoce el derecho a ser diferentes y a ser respetados como tales; a la autodeterminación, en virtud del cual éstos determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural. En el articulado de esta declaración, se reconoce plenamente a los pueblos indígenas, el derecho a conservar y a reforzar sus propias instituciones políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales; manteniendo a la vez su derecho a participar plenamente, si lo desean, en la vida política, económica, social y cultural del Estado. Las personas indígenas tienen derecho a pertenecer a una comunidad o nación indígena, a practicar y revitalizar sus tradiciones, su cultura, su lengua. El o los Estados tienen la obligación moral y jurídica de adoptar medidas eficaces, conjuntamente con los pueblos indígenas, para que se cumplan estas leyes.

Los otavalos

En Ecuador han sido reconocidos 14 nacionalidades y 18 pueblos indígenas. Uno de esos pueblos perteneciente a la nacionalidad kichwa, es el de los otavalos, asentados históricamente en sus territorios comprendidos entre los cantones de Otavalo, Antonio Ante y Cotacachi, de la provincia de Imbabura. ¿Pero quiénes son los otavalos? Es la etnia más reconocida dentro y fuera de las fronteras nacionales, por su carácter mindalae –comerciantes nativos de tradición ancestral- a quienes muchas veces se los ha comparado con los fenicios de la antigüedad. Su tradicional pelo largo trenzado, su sombrero, pantalón blanco, alpargatas y poncho azul en los hombres; blusa bordada con flores multicolores, anaco oscuro y blanco en las mujeres, los delata en cualquier lugar del mundo su origen étnico cultural.

Con más de 10 mil años de historia, según vestigios arqueológicos; en cuanto al origen de las comunidades imbayas, sarances y otavalos, sí podemos afirmar que en un momento de la migración, tribus procedentes de la rama antillana, fueron interactuando por la necesidad de subsistir con grupos de cazadores-recolectores, lo que generó en un segundo momento, un conocimiento del medio, de las plantas y de los animales; a tal punto que desarrollaron sistemas adelantados de agricultura, irrigación, domesticación, y en una forma lenta y paulatina, empezaron a producir ricas expresiones artesanales, alcanzando también niveles elevados de organización y de producción.
Estas formas de organización fueron las que codiciaron los incas, quienes comandados por Túpac Yupanqui, avanzaron hacia la región de Otavalo, con el afán de dominarlos; ante la cual Hualcopo y Caranqui, junto a otros caciques de Cayambe y Otavalo, organizaron una resistencia inquebrantable que duró aproximadamente 17 años. Seguidamente a las guerras incásicas, llegó la invasión española, a la que guerreros como Píntag y Nazacota Puento, debilitaron tenazmente en su momento, las agresiones de los invasores.

En los obrajes de la época colonial y como proveedores de tejidos en la época republicana, los otavalos fueron ganando reconocimiento y prestigio entre las poblaciones indígenas del país. El Pueblo Kichwa Otavalo es esencialmente migrante, pero con profundas raíces de pertenencia a su territorio, su apertura al comercio nacional e internacional, lo ha colocado como uno de los pueblos indígenas con mayor prosperidad económica en el país y quizá en toda América. El proceso migratorio se inicia en la década de 1940, a países cercanos en sus inicios y otros tan lejanos como Corea y Japón después. En muchos países y de manera especial en Europa y Estados Unidos, conforman colonias muy importantes de otavaleños, donde con las limitaciones del caso, siguen desarrollando y practicando la cultura de sus ancestros.

Actualmente se puede afirmar que los otavalos, ofrecen sus productos artesanales, así como sus manifestaciones culturales, en casi todo el mundo. Factores de carácter histórico: como su tradición mindalae y de tejedores; otros factores relacionados con la particularidad del ser kichwa-otavalo, como son el orgullo étnico cultural; sentido de independencia muy profundo, control del ciclo productivo y del mercado; capacidad de adaptación, mentalidad innovadora; constituyen el mayor legado de sus antepasados.

Cirugía constitucional

Las leyes se deben elaborar con inteligencia y sabiduría, para que su vigencia dure mucho tiempo; más aún la Constitución, que es la ley suprema de una nación, debe ser de vigencia casi perpetua. Esa fue la razón, para que los promotores de la Constitución de 2008, proclamen sin temor alguno que duraría unos trescientos años. Obviamente que una carta magna puede tener imprecisiones, pero estos deben ser evacuados con el tiempo y con la mesura de un cirujano, siguiendo todos los procedimientos legales y éticos, que como texto político sagrado lo demanda.

A lo largo de la historia en nuestro país, la Constitución ecuatoriana, se ha editado en unas 20 ocasiones, muchas veces, respondiendo a los intereses de personajes y grupos de poder, que se han turnado en el gobierno. Con la última constituyente se esperaba que esta realidad histórica cambie, pero lamentablemente podemos constatar que esto no va a suceder, pues desde el ejecutivo se ha ordenado la reforma de una serie de ítems, vía trámite parlamentario, que de alguna forma deslegitimaría la Constitución vigente, que aprobamos con una amplia mayoría en las urnas, los ecuatorianos.

Manipular las leyes y al electorado para lograr un éxito político, no es bajo ningún modo algo ético; más aún si se quiere alterar una Constitución de manera estructural. No se puede atribuir al electorado ecuatoriano, una ingenuidad infantil, como para ocultar que en el tema de las reformas, el punto fundamental para el oficialismo, es el tema de la reelección indefinida para todas las funciones públicas del Estado. El oficialismo puede argumentar cualquier disparate jurídico para hacerlo vía Asamblea Nacional, que sabemos es sumisa al poder central; pero nuestro sentido común, nuestra visión de justicia, nos dice que temas tan delicados, que son de un impacto político y social tan profundos como estos, deben sujetarse a un análisis y debate nacional sin prejuicio alguno, previo sometimiento a un referéndum vinculante, de irrenunciable transparencia certificada. Si no, sencillamente estaríamos cayendo en una dictadura solapada.

El despertar de los mandantes

El encanto del “Flautista de Hamelín” en la política ecuatoriana, parece que empieza a disiparse. La marcha de los trabajadores convocada por el Frente Unitario de Trabajadores FUT y otras organizaciones como la Conaie, del pasado miércoles 17 de septiembre, fue inédito y masivo en el actual periodo de la Revolución Ciudadana. Según reportes de los medios de comunicación, se dieron enfrentamientos violentos entre los manifestantes opositores a la política del gobierno central y miembros de la Policía Nacional, con un saldo de varios heridos y 84 detenciones. Cabe señalar que las manifestaciones pacíficas y el derecho a la resistencia, están consagradas en la Constitución de nuestro país; pero en estas circunstancias, mantener la calma y la cordura, se torna difícil por la intromisión de los miembros del orden público y los ánimos exaltados de los manifestantes.
Ventajosamente la cosa no pasó a mayores; dada la irresponsable convocatoria de parte del oficialismo a una contra marcha que se concentró en la Plaza de la Independencia, a unos cuantos metros de los marchantes opositores, que pudo haber originado una lamentable confrontación violenta entre hermanos ecuatorianos. El gobierno debe entender que aquí en nuestro país se debe gobernar para todos y no solo para una mitad, o peor aún para su grupo de amigos que están en el poder.

No somos ciegos para negar los logros de la actual administración, más que todo en la infraestructura pública, administración que ha sido bendecida con una inimaginable cantidad de recursos económicos, provenientes de esta segunda bonanza petrolera, que son de todas y todos los connacionales. Pero me parece que los logros de la “revolución”, son enturbiados por una serie de desaciertos que empiezan a molestar a las mayorías, como la metida de la mano a la justicia, la criminalización de la protesta social, la degradación de la libertad de expresión, el caudillismo, leyes inconsultas e impositivas, doble discurso, entre otros tantos errores encasillados bajo la lógica de una revolución centralista, vertical y autoritaria.

sábado, 13 de septiembre de 2014

“Chávez nuestro…”

Intentar salvar al gobierno chavista de Maduro con un ¡Chávez nuestro que estás en los cielos..!, delata la clase de gente que está gobernando Venezuela. A renglón del articulista venezolano Gustavo Briceño “Es la difamación del nombre de un dios. Significa pues, que un determinado colectivo, al expresar que Chávez es nuestro y que está en los cielos, intenta asemejar al presidente fallecido con Dios. Es en toda su extensión una inmensa blasfemia y de paso, una manifestación de locura colectiva”.

Lejos de nuestra afinidad política o no, con el llamado Socialismo del Siglo XXI, lo que ocurre en Venezuela, es a todas luces un experimento populista que ha puesto al país al borde del abismo; citando nuevamente a Briceño: “Hugo Chávez Frías ha sido el presidente de Venezuela más nefasto que ha pasado por nuestra historia, desde que Venezuela apareció frente al mundo como una república. Chávez hizo lo que un presidente sano y racional no hubiera hecho jamás en un país como el que tenemos: dividir a los venezolanos y anarquizarlos por el solo capricho de destruir una sociedad que odió y nunca entendió”.

Hacer un buen gobierno no significa encender una bronca generalizada dentro de una sociedad, llenar las cárceles, perseguir a sus detractores, mientras se reparte la vendimia de los petrodólares a diestra y siniestra, para luego quedar desfalcado. Dentro de los gobernantes socialistas en el mundo, han existido estadistas responsables que han optado por el pragmatismo social y económico, esto ha permitido a sus países, abrirse paso hacia un desarrollo democrático y sustentable. Aunque el concepto de populismo parece que todavía está en debate, podríamos resumirlo con el siguiente dicho popular: “Por la plata baila el mono, y por el oro el mono y el perro”, frase que alude al interés de la gente y los políticos por el dinero. Mientras se extiendan migajas, muchos pero no todos, incluso estarían dispuestos a vender el alma al diablo, o por lo menos a mantenerse callados.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Historia idealizada

Al referirnos a nuestra historia, es evidente que pecamos de románticos e idealistas. Siempre ha sido así, nos vanagloriamos de las grandes hazañas de nuestros héroes míticos; y en el caso particular de las culturas indígenas o andinas, ingenuamente la hemos sobredimensionado como la perfección absoluta, en desmedro de la cultura dominante, a la que echamos la culpa de todos los males del mundo y la de nuestra propia desgracia.
Recojo algunas apreciaciones sobre los mitos y verdades del incario, según el blog: manifiesto bizantino. Señala por ejemplo que, uno de los mitos es que en el Tahuantinsuyo no existía la discriminación, cosa que dista de la realidad. Lo cierto es que la etnia inca, era una casta clasista y racista. Es común que cuando un Estado conquista a otro, el vencedor se crea superior. El Sapainca (emperador o rey de reyes), era quien como hijo del sol, garantizaba el orden de las cosas en la Tierra, como único intermediario entre el hombre y los dioses.

El poder inca marginó a muchos pueblos, por considerarlos peor que animales. Para la élite inca era inconcebible que un aristócrata se mezclara con alguien de menos estatus. Era una deshonra hacerlo, tan grande que para evitar la vergüenza, muchos optaron por quitarse la vida. Muchos estudiosos de los incas, han argumentado que en el pasado del Tahuantinsuyo no existió la esclavitud, cayendo en una verdad a medias, pues si hubo esclavitud, pero no del modo sistemático y organizado como en occidente. Los “pinas” por ejemplo, eran aquellos desafortunados, rebeldes y lacras sociales, que eran condenados a trabajar en los cocales oficiales en la selva, en condiciones de vida sumamente extremas.

La civilización inca fue el último aliento de toda la tradición andina milenaria, que se vio truncada con la llegada de los españoles. Muchos historiadores señalan con razón, que se estaba gestando una especie de sistema feudal muy primario, que posiblemente se hubiese concretado con características propias, si los peninsulares seguían aislados al otro lado del mundo.

viernes, 29 de agosto de 2014

Venciendo prejuicios

Era como las dos de la mañana de un fin de semana cualquiera, en la ciudad de Otavalo de hace aproximadamente un cuarto de siglo, venía en mi motocicleta en una de mis andanzas juveniles, cerca de la Plaza de los Ponchos, distingo a otro muchacho indígena que me hace parar con insistencia, me detengo, sin mayores explicaciones se monta en mi moto, yo entiendo y arranco enseguida. El “pana” había sido de Peguche, comunidad cercana a Otavalo. Después de varios años me encontré con este “compañero”, ya en una situación tranquila me explicó de aquel incidente. Resulta según me dijo, que una jorga de mestizos lo había acorralado de esquina a esquina para agredirlo, y que yo había llegado justo en el momento preciso; recuerdo que el agradecimiento hacia mí, fue emotivo y sincero.

La clásica y tradicional canción del grupo Winiaypa, titulada Chuchaqui, que por cierto es una de las mejores fusiones kichwas con ritmos contemporáneos, cuenta otro de los tantos incidentes étnicos entre indígenas y mestizos, que era muy común hace unas dos décadas. Muy a menudo al encontrarse con un grupo de muchachos mestizos, sin razón alguna lanzaban improperios a los indígenas, como: “indios”, “longos”, “roscas”, entre otros. Las relaciones entre los indígenas que empezaban a tomarse Otavalo y cierto sector de mestizos reaccionarios eran tensas. Recordemos que en 1996, Verónica Barahona, chica indígena que pretendía participar en la elección de la Reina del Yamor, fue rechazada contra todo razonamiento, por razones étnicas. Por esas mismas fechas las autoridades municipales de ese entonces, pretendieron sacar el monumento a Rumiñahui del parque central, sin conseguirlo.

Indudablemente el ascenso de Mario Conejo a la alcaldía de Otavalo, inauguró un nuevo periodo dentro de las relaciones interétnicas en la ciudad, y podemos decir que hemos avanzado. En mi caso por ejemplo a más de la fluida vida social entre amigos y familiares “runas” dentro de la ciudad, tengo muchos amigos mestizos con quienes hemos compartido alegrías y tristezas dentro de una sincera camaradería.

sábado, 23 de agosto de 2014

Entorno violento

He llegado a la conclusión de que la violencia lastimosamente es algo inherente a la naturaleza humana. Además sin necesidad de justificarla, debo presumir que nuestro mundo es violento, que nuestra galaxia y el universo mismo es violento. El micro cosmos es una eterna batalla bacteriológica y de violentas colisiones subatómicas. En tal sentido los que osamos estar vivos en esta fracción de segundo cósmico, somos naturalmente unos supervivientes. Existe evidencia de que el ser humano es igual o más violento que sus antepasados de la antigüedad, por hoy con una maquinaria más sofisticada para hacer daño al prójimo. Por más religiosos y pacifistas que nos declaremos, siempre tendremos impregnado en nuestra memoria, algún desliz violento en nuestras vidas, eso es innegable.

Dentro de esta cruda realidad también se percibe tenue, la luz de la sensatez y la búsqueda de la paz, destinada a eliminar el sufrimiento, como un acto altruista de la inteligencia humana. En diferentes épocas de la historia de la humanidad, han aparecido mensajeros de la paz o profetas que nos han inducido hacia esa paz y convivencia fraterna, que todos necesitamos pero que no la podemos establecer a cabalidad. Por ejemplo nadie olvida el mensaje de paz que advirtió  Jesús el Galileo. También es cierto  que el tema religioso ha sido conflicto de sangrientas batallas y de apasionadas discusiones, que pone en entredicho el propósito mismo de una fe religiosa.

Cierto es que la política y la religión establecen los parámetros legales y morales, para establecer una convivencia pacífica que nunca se ha logrado en su totalidad; de ahí que estos temas son de un debate un tanto conflictivo, que muchos prefieren evitarlos. Sin embargo cabe señalar que por hoy son los únicos caminos tendientes a conseguir un equilibrio aceptable de correlacionarnos en nuestro entorno y el mundo; por eso la necesidad de líderes religiosos y políticos que sepan sobrellevar el yo violento interior que todos tenemos, enjaulado en las rejas de la paz colectiva, que es lo que cuenta más.

     

miércoles, 20 de agosto de 2014

La diminuta humanidad

Con la muerte de nuestro cuerpo físico, evidentemente el universo conocido llegaría a su fin para cada uno de nosotros. Absolutamente en todas las culturas del mundo, se ha especulado sobre el origen y la razón de la existencia humana, y dentro de esta eterna búsqueda que calme nuestra crisis existencial como seres racionales, está la búsqueda de un ser absoluto llamado dios, el responsable de nuestra existencia y destino final. Muchos creen haber develado ese misterio y proclaman una suerte de verdad absoluta a sus creencias, para así  poder regocijarse y encontrar cierta paz interior. La religión y la espiritualidad son necesarias para los pueblos, casi imprescindibles, en la medida que establece una convivencia social aceptable a través  de sus valores morales. Pero esas creencias no deberían contraponerse al conocimiento y las ciencias, como ocurrió en la Edad Media, sino deberían buscar por lo menos una mínima confluencia que evite un profundo conflicto filosófico. El entendimiento entre ciencia y religión parece algo desnaturalizado por sus particulares principios. Vaya dilema.

Adentrarnos en el conocimiento del cosmos y sus misterios, nos eleva más allá de nuestras creencias religiosas, para convertir al dios de los humanos en algo diminuto e intrascendente. Nuestro planeta azul, apenas es un puntito extremadamente diminuto en la Vía Láctea, nuestra galaxia. Suponiendo que se podría viajar a la velocidad de la luz, que es de 300 mil kilómetros por segundo, necesitaríamos 27 mil años de constante viaje, solo para llegar a la mitad de nuestra galaxia, y de esas galaxias existirían aproximadamente unos 100 mil millones solo en el universo observable. Esto hablando de cuerpos celestes, pero el universo tiene misterios casi incomprensibles a la mente humana. El espacio que se consideraba como algo vacío, ahora se sabe que contiene la mayor parte de la materia del universo, conformada por radiación electromagnética, partículas cósmicas, neutrinos sin masa e incluso formas de materia oscura y la energía oscura.

Muchas de las verdades científicas de antaño se derrumban con el avance del conocimiento humano. Por ejemplo siempre se dijo que la distancia entre dos puntos es la recta, hoy se especula incluso que el espacio cósmico se puede torcer para acortar la distancia de esos dos puntos. Los misteriosos agujeros negros galácticos tienen una gravedad inimaginable que podría comprimir todo el planeta tierra al tamaño de una papa. Si nos adentramos al micro cosmos, la física cuántica hoy nos hace dudar de lo que nosotros conocemos como realidad, incluso pone en entredicho la teoría del origen del universo, este podría remontarse más allá del Big Bang. La mente humana es la mutación más maravillosa del todo, por poseer conciencia, es un milagro de nuestro universo conocido. A pesar de la insignificancia en el cosmos, la vida humana está llamada a trascender en el universo, a evitar su destrucción, a buscar los medios y la tecnología para nuestra supervivencia o morir en el intento; si no logramos este cometido, ¿de qué nos  serviría el altruismo espiritual, nuestra veneración a la madre tierra, o a aquel Dios omnipotente? Mientras tanto flotamos cual frágil burbuja en el espacio. 

Ejemplo Curitiba

La ciudad brasileña de Curitiba, debería ser la inspiración para todas las autoridades municipales y de quienes sueñan con una ciudad modelo. Curitiba la capital del estado brasileño de Paraná, es una metrópoli de nivel internacional, donde sus índices de desarrollo humano y económico, hablan por sí solos. El modelo de gestión de la trasportación urbana es reconocido a nivel mundial y no es raro ver a funcionarios de todas partes del mundo que visitan la urbe, interesados en su afamado modelo, que ya lo han puesto en práctica ciudades como Los Ángeles y Nueva York. Es conocido que en esta ciudad, todo es ordenado; por ejemplo las estaciones de taxis están separadas en forma adecuada y estos no paran en cualquier esquina, a no ser que sea una emergencia. Aquí en verdad se respeta al peatón, sin importar que sea un niño, adulto o mayor. A esto se suma sus atractivos culturales y turísticos como el Jardín Botánico de Curitiba o la Ópera de Alambre, entre tantos otros que provocan la visita de 300 mil turistas al año.

Sus habitantes se enorgullecen de esas preferencias que han logrado a través de una adecuada administración pública y también con el impulso de organizaciones privadas. Otro orgullo de esta ciudad cosmopolita está en sus espacios verdes, cada habitante tiene un espacio verde de 52 metros cuadrados, que va más allá de lo que pide las Naciones Unidas, que es de 15 metros cuadrados. Existen más de 144 km de espacios para bicicletas bien respetadas y bien utilizadas. Pero sobre todo esto, es la amabilidad de su gente, la que le hace destacar incluso por sobre las ciudades europeas.

Aquí más cerca, en Otavalo, tenemos una ciudad con un gran potencial de proyección, solamente hace falta una cosa: sintonía visionaria entre autoridades, ciudadanía y comunidades. Ejemplos como la de Curitiba en Brasil o Santa Fe en Nuevo México Estados Unidos, son de mucha valía a la hora de trazarnos una hoja ruta, para nuestra ciudad y sus comunidades. Es hora de mirar más allá del horizonte inmediato. 

lunes, 4 de agosto de 2014

Fierros infernales

Una carnicería como la que está sucediendo en la Franja de Gaza, dentro del conflicto palestino-israelí, debe ser condenada sin vacilación alguna. Pero parece que los intereses políticos regionales y geopolíticos, priman más que el valor de la vida humana, esto ante la impávida expectación de los organismos y países llamados a hacer respetar un alto al fuego inmediato. En este conflicto de complejidad muy extensa, es fácil llevarse por nuestra emotividad ideológica y maldecir al “cuco” sanguinario del Estado de Israel o a las milicias extremistas del grupo Hamas. En una guerra todos son asesinos, pero en perspectiva de cada bando, son luchadores y patriotas que gozarán incluso del beneplácito de sus dioses. Aquí nuestro enemigo general debería ser la guerra y quienes pregonan por ella, la dirigencia de los dos bandos, a las que no ha importado en absoluto poner a civiles e incluso niños en la mira de sus fierros infernales. 
     
El arsenal nuclear de la Guerra  Fría sigue intacto y el peligro de una aniquilación en términos globales también. El guía supremo iraní, el ayatola Ali Jamenei, acusó a Israel de estar cometiendo un “genocidio” en Gaza y pidió al mundo islámico que arme a los palestinos para luchar contra el “régimen sionista”. Si esto sucede –como muchos lo querrán- el polvorín del Medio Oriente podría explotar afectando incluso la paz global, en un mundo en que los nacionalismos belicosos parecen resurgir nuevamente. El presidente estadounidense Barack Obama ha declarado que cualquier solución a largo plazo del conflicto pasaría por “desarmar a los grupos terroristas y desmilitarizar Gaza”. Obviamente a Israel y occidente no le interesa el establecimiento de un Estado Palestino, y los palestinos con todo su derecho histórico, tampoco renunciarán a su patria; tornando aquel conflicto a su punto inicial.


En cualquier tipo de conflictos bélicos y más que todo en los conflictos internacionales el papel protagónico de la ONU en la búsqueda de una solución inmediata, debe ser inexcusablemente protagónico. Esperemos que las mentes de los líderes mundiales se “iluminen” y que puedan dirimir con sabiduría en esta clase de conflictos. 

La diminuta humanidad

Con la muerte de nuestro cuerpo físico, evidentemente el universo conocido llegaría a su fin para cada uno de nosotros. Absolutamente en todas las culturas del mundo, se ha especulado sobre el origen y la razón de la existencia humana, y dentro de esta eterna búsqueda que calme nuestra crisis existencial como seres racionales, está la búsqueda de un ser absoluto llamado dios, el responsable de nuestra existencia y destino final. Muchos creen haber develado ese misterio y proclaman una suerte de verdad absoluta a sus creencias, para así  poder regocijarse y encontrar cierta paz interior. La religión y la espiritualidad son necesarias para los pueblos, casi imprescindibles, en la medida que establece una convivencia social aceptable a través  de sus valores morales. Pero esas creencias no deberían contraponerse al conocimiento y las ciencias, como ocurrió en la Edad Media, sino deberían buscar por lo menos una mínima confluencia que evite un profundo conflicto filosófico. El entendimiento entre ciencia y religión parece algo desnaturalizado por sus particulares principios. Vaya dilema.

Adentrarnos en el conocimiento del cosmos y sus misterios, nos eleva más allá de nuestras creencias religiosas, para convertir al dios de los humanos en algo diminuto e intrascendente. Nuestro planeta azul, apenas es un puntito extremadamente diminuto en la Vía Láctea, nuestra galaxia. Suponiendo que se podría viajar a la velocidad de la luz, que es de 300 mil kilómetros por segundo, necesitaríamos 27 mil años de constante viaje, solo para llegar a la mitad de nuestra galaxia, y de esas galaxias existirían aproximadamente unos 100 mil millones solo en el universo observable. Esto hablando de cuerpos celestes, pero el universo tiene misterios casi incomprensibles a la mente humana. El espacio que se consideraba como algo vacío, ahora se sabe que contiene la mayor parte de la materia del universo, conformada por radiación electromagnética, partículas cósmicas, neutrinos sin masa e incluso formas de materia oscura y la energía oscura.

Muchas de las verdades científicas de antaño se derrumban con el avance del conocimiento humano. Por ejemplo siempre se dijo que la distancia entre dos puntos es la recta, hoy se especula incluso que el espacio cósmico se puede torcer para acortar la distancia de esos dos puntos. Los misteriosos agujeros negros galácticos tienen una gravedad inimaginable que podría comprimir todo el planeta tierra al tamaño de una papa. Si nos adentramos al micro cosmos, la física cuántica hoy nos hace dudar de lo que nosotros conocemos como realidad, incluso pone en entredicho la teoría del origen del universo, este podría remontarse más allá del Big Bang. La mente humana es la mutación más maravillosa del todo, por poseer conciencia, es un milagro de nuestro universo conocido. A pesar de la insignificancia en el cosmos, la vida humana está llamada a trascender en el universo, a evitar su destrucción, a buscar los medios y la tecnología para nuestra supervivencia o morir en el intento; si no logramos este cometido, ¿de qué nos  serviría el altruismo espiritual, nuestra veneración a la madre tierra, o a aquel Dios omnipotente? Mientras tanto flotamos cual frágil burbuja en el espacio.