Lo señalado, necesariamente tiene que complementarse con una
lucha frontal y sin reparos contra la corrupción y la impunidad. Para todo esto
necesariamente regresamos a los órganos de control y a las instituciones del
Estado, donde el ejemplo ético debe brillar por todo lo alto, como un claro
ejemplo para el país. Estamos convencidos de que en el Ecuador sí existen
personas probas de altísima honorabilidad y trayectoria, que pueden ocupar
estos cargos. Por ahora Ecuador está en ese proceso y ya cuenta con el nuevo
Consejo de Participación Ciudadana de transición, será este consejo el encargado
de revisar y nombrar a las nuevas autoridades de control. Éxitos a todos y
todas las personas que se ponen a la vanguardia, para enfrentar la corrupción.
sábado, 3 de marzo de 2018
Contra la corrupción
El audio revelado por el Fiscal General del Estado, Carlos
Baca Mancheno, ha causado revuelo político en el país. La decepción por la
clase política del país, nuevamente está en primera línea y se escuchan voces
que piden la salida de todas las autoridades, con esa ya clásica frase en el
Ecuador, “que se vayan todos”. Pero más allá de la decepción que nos han
causado los políticos del Ecuador, hay que saber y analizar que, lo que sucede
en las esferas políticas no es más que un reflejo de la sociedad ecuatoriana;
no es que solo los políticos son diestros en los juegos de la corrupción, sino
que este mal está impregnado en todos los niveles. De ahí la necesidad, la
exigencia, en que la sociedad ecuatoriana en su conjunto debe experimentar una
transformación ética. Muchos dirán, cómo se puede hacer esta transformación. No
es un asunto sencillo, pero la lógica social nos señala claramente al asunto
educativo, sea este formal o familiar. Cada uno y cada una de los ecuatorianos
debemos asumir la responsabilidad de ser correctos, honrados, honestos y
respetuosos; inculcar esos valores a nuestros hijos; repudiar, renunciar y
denunciar actos de corrupción y conductas anti éticas. Por otro lado, el
sistema educativo debe enfatizar la cátedra de la ética en todos los niveles.
viernes, 23 de febrero de 2018
Vida pasajera
Casi nunca reflexionamos sobre nuestro breve paso por este
mundo. Muchas veces nos sumergimos completos en nuestras actividades
económicas, en nuestro trabajo. Planificamos a largo plazo y nos enfocamos en
cumplir esas metas, muchas veces sin importar a qué costo. Muy seguido nos
convencemos erróneamente de que el éxito personal y familiar, se centra en el
éxito económico y material. Cuan equivocados estamos al darnos cuenta, de que
nuestra existencia es frágil y relativamente corta, como para desperdiciarla en
suntuosidades. Existe otra manera de ver el mundo, aunque la sociedad actual
tenga algunos antivalores prestablecidos, que se han hecho una especie de norma
común, y que en algún momento es necesario romper; esa manera de concebir la
vida, se centra en la felicidad minimalista, en disfrutar cada momento de la
vida como si fuese el último, sin complicación alguna.
El fin último de nuestras vidas, como se ha repetido, es
“ser felices y hacer felices a los demás”. Es necesario dar un nuevo enfoque a
nuestra existencia, mientras tengamos la oportunidad de hacerlo. Expresar un
“te quiero”, un “te amo” a nuestros seres queridos; brindar un abrazo, un
saludo fraterno a nuestros amigos y familiares, saber perdonar las
equivocaciones y también saber pedir perdón por nuestras malas acciones.
Compartir juegos con nuestros pequeños y ser testigos privilegiados de su
crecimiento personal. Conquistar una buena amistad con nuestros adolescentes.
Saber divertirse, pero también saber equilibrar nuestras vidas con hábitos
saludables como el deporte. Lograr que nuestros niños se sientan amados y
seguros, al igual que nuestros mayores. Madrugar hacia un lugar predilecto para
poder contemplar toda la magnificencia de un nuevo amanecer, escuchar la dulce
y fascinante melodía de la naturaleza pura. Mirar el cielo nocturno y poder
contemplar la grandiosidad del cosmos; son pequeñas y sencillas cosas que nos
harán descubrir, lo bella que es la vida.
viernes, 16 de febrero de 2018
Nuestro deficiente sistema educativo
No podemos dar más vueltas, el sistema educativo ecuatoriano
es muy deficiente. El régimen anterior trató seguramente con buenas
intenciones, de revertir esta situación, mediante una serie de cambios a nivel
administrativo y una importante inversión en infraestructura; con el afán de
modernizar la educación. Desde el gobierno se pensó que, construyendo edificios
modernos con buen equipamiento, organizando zonas, distritos y circuitos
educativos, con gente afín a su movimiento político; se podría cambiar la educación
ecuatoriana. Todos estos cambios fueron o son severamente cuestionados por
diferentes expertos en temas educativos, que bien parecen tener toda la razón.
Mejorar el sistema educativo de un país, no es una tarea fácil, involucra años
de estudio y planificación, y los resultados serían medibles a largo plazo.
Lamentablemente los ecuatorianos hemos desperdiciado la gran oportunidad de
iniciar una verdadera reforma educativa, que nos lleve hacia esa luz del
conocimiento y el entendimiento, que tienen países muy avanzado en este tema,
como Finlandia, Noruega, Suecia, Corea del Sur, Japón o Singapur.
En nuestro país no terminamos en develar los espeluznantes
casos de abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes, que se han cometido en
establecimientos educativos públicos y privados del país; que no sabemos a
ciencia cierta, por qué fueron ignorados por las autoridades educativas del
régimen anterior. En un país donde ni siquiera podemos garantizar la seguridad
de nuestros niños y niñas, peor podríamos iniciar una reforma educativa acorde
a las nuevas tendencias de la pedagogía contemporánea. Hace poco pude conversar
con un niño colombiano refugiado de 8 años, y quedé sorprendido de su carácter
y madurez para tan corta edad. Eso es lo que queremos que nuestro sistema
educativo produzca: niños y niñas inteligentes, seguros, alegres y solidarios.
Porque son ellos quienes tendrán la gran tarea de cambiar nuestras naciones,
tan venidas a menos.
viernes, 9 de febrero de 2018
Pawkar Raymi
Bajo el influjo del impredecible clima de febrero, varias
comunidades kichwas de Otavalo, destapan sus mejores galas, para celebrar el
Pawkar Raymi, la fiesta del florecimiento. Más que una celebración de raíces
ancestrales, es una época de recreación, donde el deporte, la música, la
cultura, tienen una especial atención. Tiempo en que los ayllus se reencuentran
para compartir sus alegrías. Desde que en la comunidad Agato se dio inicio,
hace más de medio siglo, tal como se concibe la fiesta actualmente; muchas han
sido las comunidades kichwas que lo han replicado, siendo la más importante, la
de Peguche; donde prácticamente se ha institucionalizado un repertorio festivo
completo. Muchos artistas y grupos de renombre internacional, han desfilado por
sus escenarios, y es el evento más concurrido.
Por cuestiones logísticas el Pawkar Raymi es festejado en el
feriado de Carnaval, ya que la fecha exacta estaría alrededor del equinoccio,
el 21 marzo. La fiesta en un principio giraba entorno a un campeonato de fútbol,
pero más tarde intelectuales kichwas dieron un importante aporte, en el sentido
de retomar prácticas ancestrales como el “tumarina” y dar un trasfondo
eminentemente cultural andino, con el objetivo de fortalecer nuestras prácticas
culturales y revitalizar la identidad kichwa Otavalo. Actualmente existen
serios cuestionamientos, en el sentido de que el Pawkar Raymi se ha convertido,
en un evento meramente comercial y folclórico. Sea cual fuere la situación,
enfatizamos que también es una oportunidad para que se abran espacios de
diálogo y debate, dentro de las comunidades; para definir la ruta que debemos
trazar en cuanto a logros culturales y objetivos comunes, que beneficien a nuestras
comunidades kichwas, como entidades étnicas.
En fin, después de una agobiante etapa política,
caracterizada por prácticas deprimentes, esperemos que el Pawkar Raymi y el
feriado de Carnaval, sea un aliciente para retomar la fraternidad y la alegría
entre todos. Felicidades a todos y todas.
viernes, 2 de febrero de 2018
Relajo político
Sea como sea, nunca se debería tolerar la violencia ni la
delincuencia. Efectivamente, el expresidente Rafael Correa es un político que
despierta pasiones, pasiones que en estos últimos años han sido cultivados
intencional o ingenuamente desde las esferas más altas del poder, mediante
diferentes mecanismos, la más conocida: la propaganda oficial. Pero el sentido
y la inteligencia del común, sabe y dice que al “sembrar vientos, se cosechará
tempestades” o el que dice que “Quien a hierro mata, a hierro muere”, dando a
entender que nuestras acciones tendrán repercusiones que nos afectarán a
nosotros mismos. Los últimos sucesos ocurridos contra el expresidente Correa en
Quinindé, en el que tuvo que salir de una emisora radial, en medio de
incidentes y apresurado, bajo resguardo policial, es realmente preocupante y
condenable. Sin la mínima intención de justificar estos hechos, vale recordar
que fueron el mismo Correa y los correístas, quienes han incitado a la
violencia verbal desde hace tiempo. Fueron ellos los que destrozaron y rayaron
las instalaciones de Alianza País en Quito, son ellos quienes tiempo atrás
llamaban a respetar la propiedad privada y pública, quienes ahora rayan paredes con
pinturas, incluso sin respetar los monumentos públicos.
Es lamentable ver a un expresidente tratado de esta forma.
Mejor dicho, en un mundo civilizado, nadie debería ser tratado de esta forma.
Alguien que vive en Estados Unidos manifestaba que, cómo era posible que un
expresidente ande haciendo campaña en contra de un presidente, sería como ver a
Barack Obama haciendo relajo por todo el país, en contra de Donald Trump. Estas cosas creo que solo pasan en países tercermundistas como el
nuestro, donde no terminamos de cimentar férreamente la institucionalidad
democrática del Estado ecuatoriano. Es momento de virar esta vergonzosa página
de nuestra historia, donde el bribón del barrio hacía de las suyas, y seguir
adelante.
viernes, 26 de enero de 2018
Los pasos de Lenín Moreno
Antes de las elecciones presidenciales, el temor más grande
de una parte importantes de ciudadanos ecuatorianos, era la continuidad del
régimen de la Revolución Ciudadana. El temor se fundamentaba en el despropósito
gubernamental de los últimos diez años de Rafael Correa, caracterizado por un
cúmulo de hechos nefastos que, por hoy muchos de estos, ya son de dominio
general y no valdría repetirlo por enésima vez. Lenín Moreno del oficialismo
ganó la presidencia, con un estrecho margen, en unas elecciones “sospechosas” y
muy cuestionadas por la oposición. Todo parecía que el carácter blando del
nuevo mandatario encajaría plenamente con los planes “oscuros” de Rafael Correa
y su círculo íntimo. Muchos involucrados con la opinión pública, oportunamente instamos
al nuevo gobierno en la persona de Moreno, a que asuma su papel y
responsabilidad histórica frente al país, para sanear no solo la economía
calamitosa, sino también recuperar la institucionalidad democrática y la lucha
contra la corrupción y la impunidad, que habían campeado alevosamente durante
los últimos años.
Por hoy, aunque podría haber algo de desconfianza, el
presidente Moreno ha sorprendido a todos, incluso a sus propios excompañeros de
partido; con su llamado a un gran “diálogo nacional” y la “cirugía mayor a la
corrupción”. Ya descartada la presencia omnímoda de Correa en todos los poderes
del Estado, y el llamado del nuevo mandatario a que las instituciones de
control, actúen libremente y con responsabilidad, una avalancha de casos anormales
en la administración pública, empiezan a develarse por doquier, incluso el
vicepresidente de Rafael Correa está con sentencia judicial, por asociación
ilícita y a la espera de otros cargos aún más graves. Si el presidente Lenín
Moreno mantiene el sendero trazado en su lucha contra la corrupción, si
efectivamente logra descorreizar el gobierno, con nuevos cuadros del mismo
Alianza País, en especial el frente económico y la cancillería; incluso sin
tener el éxito económico deseado, pasaría a la historia como un buen estadista,
muchísimo mejor que su antecesor.
viernes, 19 de enero de 2018
Peguche y su música
Peguche es una comunidad kichwa muy pintoresca de
privilegiada ubicación; está a unos dos kilómetros de Otavalo, a un costado
tiene un destino turístico muy conocido como es la Cascada de Peguche, lugar
que encierra una naturaleza poética, donde se realizan rituales importantes
como en la noche del Armay Tuta en el Inti Raymi. Sus habitantes se destacan
por su actividad artesanal y principalmente en arte de la música tradicional.
Desde la época de los ochenta del siglo pasado básicamente, se han forjado
grupos musicales de renombre internacional como “Ñanta Mañachi” y el grupo
“Peguche” que prácticamente han desarrollado una escuela musical en esta parte
de los Andes ecuatorianos. Otros grupos de música de alto nivel como Winiaypa,
han sonado posteriormente y han marcado tendencia en cuanto a estilo y fusión.
En los últimos años se ha notado en toda la región de
Otavalo, el surgimiento de otras propuestas musicales que fusionan el clásico
“sanjuanito kichwa” con ritmos modernos como el rap, el hip hop e incluso la
electrónica, que son novedosas y puede tener una buena aceptación,
especialmente entre la juventud. Sin embargo, la música auténticamente
tradicional de comunidades kichwas como Peguche, tiene ese saborcito que nos
llega a lo más profundo de nuestro ser, y nos enorgullece de lo que somos:
runas andinos. Ese ha sido la razón de que por ejemplo yo, siempre vaya a
Peguche a bailar el Inti Raymi al son de las “cuerdas” genialmente
interpretadas, por amigos como Roberto Lema, Enrique Díaz, Rubén Terán,
Humberto Remache, y otros tantos que contribuyen a que lo auténtico siga vigente
y suene con sentimiento propio. Esta música, motivo de este artículo, actualmente
suena con fuerza, al intérprete del grupo “Mana Maymanta” y parece que gracias
a las nuevas tecnologías va a marcar tendencia musical. ¡Qué bueno por eso! ¡Felicitaciones
muchachos, que nuestra música brille con luz propia!
viernes, 12 de enero de 2018
Nuestro universo cercano
Desde que el ser humano tuvo uso de razón, siempre al mirar
el cielo nocturno, se inquietó de lo que representaba. El brillo de las
estrellas poco a poco fue explicado con símbolos terrestres y nacieron las
constelaciones. Casi ninguna civilización se abstuvo de observar y estudiar el
infinito, antes de establecer que tenía incidencia en el tiempo de nuestro
mundo. Antes de que la ciencia se institucionalice como tal, era la religión la
encargada de dar explicaciones. Así por ejemplo son dos científicos del
renacimiento, Copérnico y Galileo Galilei, quienes cimentan la teoría
heliocéntrica del universo, contradiciendo la teoría geocéntrica fundamentada
en la filosofía griega y el cristianismo, la cual sostenía que el planeta
tierra era el centro de aquel limitado universo conocido en la época. Desde
aquellos siglos la astronomía no ha dejado de avanzar, por hoy el ser humano
cuenta con telescopios nunca imaginados, con el que se puede escudriñar los
confines del universo.
Sin embargo, son pocas las personas que tienen conocimiento
y conciencia del lugar que ocupamos en el universo. Para tener una idea más o
menos clara, el sistema solar más cercano al nuestro es el Alpha Centauri, donde
se encuentra la estrella Próxima Centauri, una enana roja ubicada a unos 4,22
años luz de la tierra, esto es unos 39 921 200 millones de kilómetros. Según
cálculos que circulan en la Red, en la nave espacial más veloz que se ha
construido hasta la actualidad, esto es 40 000 kilómetros por hora, el ser
humano tardaría como unos 114 mil años en llegar a Alpha Centauri. Esto es solo
para llegar donde el vecino; ya se imaginarán la distancia a otras estrellas o
atravesar nuestra galaxia la Vía Láctea, o peor aún, realizar viajes
intergalácticos. Por ahora el reto es llegar a Marte, nuestro planeta vecino
del Sistema Solar, que está a una distancia promedio de 225 millones de km.
Según Space.com, la misión no tripulada del 2011 llamada Mars Sciencie
Laboratory, tardó 254 días en llegar al planeta rojo.
viernes, 5 de enero de 2018
Religión, conocimiento y convivencia
Aunque la ciencia y la técnica ha avanzado vertiginosamente
durante el último siglo, solamente un porcentaje muy reducido de seres humanos
han intentado rebasar los límites del entendimiento humano sobre su propia
existencia y el lugar que ocupamos en el universo. El resto de seres humanos
todavía se encuentran atados a conceptos arcaicos sobre la existencia y la
divinidad. El concepto medieval de dioses caprichosos y todopoderosos, que nos
ofrecen el cielo o el infierno, todavía siguen vigentes. Han proliferado sectas
y religiones que pretenden compartir una verdad que nace desde algún dogma, o
simplemente buscan espacios de poder y dominación, con claros intereses
económicos.
En medio de esta realidad, considero que solamente el
estudio, la ciencia y la reflexión minuciosa, nos puede liberar y acercarnos a
la verdad. A pesar de esto hay que comprender también, de que las creencias
religiosas constituyen una fuente de esperanza y luz, para la mayoría de seres
humanos, que no han sido capaces de mirar más allá de su propio horizonte. Las
religiones como se conoce a través de la historia, a pesar de constituirse en
puntos de fatales discordias entre los seres humanos, han podido de alguna
forma establecer con buena influencia, normas de comportamiento éticas y morales
en la mayoría de las sociedades. Sin embargo, a estas alturas de la
civilización del Homo Sapiens, en la que, casi la mayoría absoluta de sus
miembros profesa alguna creencia religiosa donde se predica la piedad y la
hermandad, no se ha podido desterrar la violencia, el egoísmo y la crueldad.
Las guerras o las amenazas de aniquilación entre hermanos, están al orden del
día. Para contrarrestar esta dramática realidad, se debería dar énfasis en el
tema de la legalidad, la ética y la moral laica desde muy pequeños, como un
mecanismo de convivencia pacífica, donde prime los derechos humanos sin
condicionamientos. Por eso es muy importante, más que todo en términos
políticos, luchar por la legalidad, la institucionalidad democrática y un
combate férreo e intolerante contra la corrupción.
sábado, 30 de diciembre de 2017
El Año Viejo
En nuestro medio es más tradicional festejar el Año Viejo,
que el Año Nuevo. Tal vez esto se deba a la particularidad de la cosmovisión
andina, donde el tiempo pasado está frente a nosotros y el futuro está a
nuestras espaldas, por eso la alocución kichwa: “ñawpa pacha” significa pasado,
traducido literalmente: el tiempo de al frente. A diferencia de la tradición
occidental donde se pone énfasis en recibir el nuevo año, celebrarlo con bombos
y platillos, como un acto de recibimiento a un nuevo periodo de tiempo, con el
optimismo y la confianza de que serán tiempos mejores; en nuestro medio se pone
énfasis en despedir el año que culmina; con alegría, comida y bebida, quemando
y “llorando” a un monigote que lo representa y simboliza todas las cosas
vividas durante este periodo de tiempo, las cosas malas y las cosas buenas que
sucedieron.
Recuerdo esta muy tradicional celebración con mucho cariño,
desde que era muy pequeño. El Año Viejo era un día muy especial, porque toda la
familia y amigos se reunían para preparar el festejo. Los muy hábiles, muy
temprano recogían toda clase de ropa vieja, para confeccionar el monigote, el
muñeco de trapo que en el proceso iría tomando la identidad de algún personaje
conocido de la comunidad. Otros en cambio madrugaban a recoger palmas y armar
el pequeño “altar” o escenario. Nunca faltaban los niños que cruzaban la vía
con una soga, para pedir a los transeúntes la “limosnita para el viejito”. Las
mujeres por lo general preparaban alimentos para compartir con los
participantes. Tampoco faltaba el “purito” con el que se preparaba el “hervido
de frutas”. Venían las risas, las carcajadas, la comida, la bebida, el baile,
la alegría desbordante. El Año Viejo está muy arraigado en nuestros genes, es
un espacio para la irreverencia, la sátira para el político del barrio, para el
“guapo” de la esquina; donde algunos jóvenes brevemente expresan la “feminidad”
que llevan dentro. El Año Viejo es una auténtica fiesta popular, donde se
evidencia aquel dicho que dice: “A mal tiempo, buena cara”. ¡Felicidades a
todos y todas!
viernes, 22 de diciembre de 2017
Algo peor que la muerte
La desaparición de un menor, es una tragedia familiar que
incluso supera la muerte. Con un niño desaparecido no se podría encontrar paz ni
tranquilidad durante toda la vida, sería un martirio, una tortura, una agonía
eterna; algo horrendo e indescriptible por lo que han tenido que pasar miles de
familias ecuatorianas, como en el reciente caso de la niña lojana Emilia
Benavides. La niña Benavides fue encontrada sin vida, con evidentes señales de
violencia. ¿Qué clase de monstruo puede hacer semejante daño a una criatura?
Como no podía de ser de otra manera, este hecho macabro y demencial, ha
conmocionado al país entero; movilizando gente en la misma ciudad de Loja, en
las redes sociales, e incluso las autoridades como de la Policía Nacional y
Fiscalía, han efectuado una respuesta inmediata, como siempre debería ser.
El rapto de menores debería ser tipificado como un delito
igual o peor que la de un asesinato, con la sanción más drástica posible. Más
que cambiar normas legales y sanciones, que por cierto reitero son necesarias,
es sumamente importante contar con un organismo profesional de investigación
para estos casos; algo de la que adolece nuestro país, según Telmo Pacheco,
presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en
Ecuador. Algunas personas incluso no vacilan en pedir la cadena perpetua o la
pena de muerte, en casos como violación y muerte de niños y niñas,
contradiciendo lo que dicta nuestra constitución y la tradición cristiana de
los ecuatorianos. Como ya se ha visto, el riesgo de endurecer las penas en
países como el nuestro, es la falta de efectividad del sistema judicial, muchas
veces supeditado a los poderes políticos de turno, o peor aún a la galopante
corrupción que pasea por las instituciones del Estado. Si la justicia no está
garantizada, corremos el riesgo de enviar gente inocente a la cárcel, y esto
sería lo peor.
El amor y el cuidado a niños y ancianos, refleja el grado de
desarrollo de una sociedad, la efectividad de sus instituciones y más que todo
la calidad humana de sus miembros. Niños felices e inteligentes, es nuestra
garantía para una sociedad mejor.
sábado, 16 de diciembre de 2017
El manto de la justicia
En un hecho sin precedentes, el Tribunal Penal de la Corte
Nacional de Justicia, ha sentenciado a ocho procesados, entre ellos al
vicepresidente de la República en funciones, pero que no tiene ninguna función,
Jorge Glas, a seis años de prisión, como culpables y autores de asociación ilícita,
también deberán pagar 33,3 millones de dólares entre los ocho. Además, el juez
Édgar Flores pidió a la Fiscalía que investigara otros siete delitos contra
Glas y otros condenados; sin embargo, vale aclarar que esta sentencia es de
primer nivel y los procesados han anunciado que apelarán el fallo.
Esperemos que este hecho judicial, marque un punto de
quiebre en la muy cuestionada justicia ecuatoriana. Es conocido y sabido que la
justicia siempre ha estado en manos de los grupos de poder, o políticos de
turno que lo han utilizado a su antojo y capricho, para su acomodo o para
perseguir a sus opositores. Más aún en estos últimos diez años, en donde todos
los poderes del Estado, estaban supeditados a una sola persona, con el poder de
un emperador. Seguiremos insistiendo que la independencia de poderes, es la
mejor garantía para que la institucionalidad del país se fortalezca. Un sistema
judicial independiente y transparente, es necesario para que los ecuatorianos
todos, hombres y mujeres, podamos nuevamente creer en la justicia y la
legalidad, que es la base fundamental para una convivencia social aceptable. Un
sistema judicial que destierre la impunidad en cualquiera de sus formas.
Es el gran reto inicial del presidente Moreno, enrumbar al
país en la democracia institucional participativa, revisar la efectividad o
reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana, es urgente, para que
ciudadanos de altísima probidad ética y sin vinculación partidista, ocupen la
titularidad en los organismos más altos de control estatal. El manto de la
justicia debe cubrir a todos en las mismas condiciones, a los de poncho o a los
de cuello blanco.
jueves, 30 de noviembre de 2017
Auténticos revolucionarios
No cabe duda que la segunda mitad del siglo XX, fue una
época donde se desbordaron pasiones por todo lado, hablando en términos socio
políticos. El movimiento hippie, la revolución sexual, el rock psicodélico, la
conquista del espacio, la Guerra Fría, y las luchas revolucionarias de
izquierda principalmente en Latinoamérica, marcaron historia. Luchar contra el
statu quo, el sistema opresor y el capitalismo, era un llamado al que muchos
jóvenes idealistas abrazaron en su momento, más con el corazón que con la
cabeza. Eran pues otros tiempos, donde muchos perdieron la vida y otros como
los barbudos cubanos, tuvieron éxito en captar el poder a través de la lucha
armada, para luego implantar a sangre y fuego su experimento socialista. Muchos
de nosotros, aunque más jóvenes, pudimos de alguna forma sentir esa apasionante
efervescencia política en nuestros corazones, hasta el punto de querer renunciar
a todo en favor de la revolución.
Desempolvando la biblioteca familiar, encontré un libro que
leí hace unos 30 años: “La ideología sandinista y la revolución nicaragüense”
de David Nolan, una excelente obra que devela casi en su totalidad el
desarrollo de esta revolución centroamericana. En este libro existe una cita
que se refiere al juramento que hacían los jóvenes al momento de ingresar al
Frente Sandinista de Liberación Nacional – FSLN: “Ante las imágenes de Augusto
César Sandino y Ernesto “Che” Guevara, ante la memoria de los héroes y mártires
de Nicaragua, América Latina y de toda la humanidad, poso mi mano sobre la
bandera roja y negra que significa “Patria Libre o Morir” y juro defender, con
las armas en la mano, la dignidad nacional y luchar por la redención de los
oprimidos y explotados de Nicaragua y del mundo. Si cumplo esta promesa, la
liberación de Nicaragua y de todos los pueblos será mi recompensa, pero si así
no lo hiciese, la muerte en la deshonra y la vergüenza serán mi castigo”. Si
valió la pena o no, es otra historia; eran otros tiempos, y estos sí eran
auténticos revolucionarios; no como los de ahora, una horda de delincuentes
expertos en las artes de la demagogia.
viernes, 24 de noviembre de 2017
Trifulca política en la hermandad
Causa confusión. No sé si lo que sucede al interior de
Alianza País da pena o gloria. Puede ser hasta gracioso ver cómo los mismos
responsables de la debacle institucional, moral y hasta económica del país, se
hayan pasado a la otra orilla, para ahora sí acusarse entre compañeros. Me
refiero hoy a los leninistas que se esmeran por ubicarse en el lado correcto,
que condena los diferentes actos de corrupción, e incluso plantean
responsabilidades penales a encubridores y funcionarios que cayeron en
omisiones, de los cientos de abusos sexuales a menores, ocurrido en
instituciones educativas públicas y privadas del país, durante la década
correísta. Pero más patético resulta ver al “ala correísta” de Alianza País,
“sin sangre en la cara” como diría mi vecina, defender esta tragedia nacional
llamada el “gobierno de la revolución ciudadana”, que instauró en el país el
despilfarro, la corrupción, la impunidad, el autoritarismo, el engaño; en estos
últimos diez años. Ahora después de este desastre, todavía se escucha murmurar
por ahí, “pero ya tenemos carreteras” y que costó lo que costó -millones por
cada kilómetro- porque fueron trazados en la serranía y que no nos debería
sorprender porque en el país siempre hubo corrupción. Como diría alguien: ¡vaya
defender a su abuela!
Alianza País está en su punto más alto de ebullición; por un
lado, dicen que regresa Correa, que por cierto no sé cómo hará este señor para
caminar tranquilamente por las calles ecuatorianas; por otro lado, el
presidente Lenín Moreno no se amilana, sino más bien lo reta a que no se
esconda en las fronteras, y ambos han convocado a una convención nacional, cada
uno por su lado. Señoras y señores, aquí va a arder Troya y no sabemos como
terminará esta trifulca política dentro de la hermandad. Por el bien del país
esto tiene que llegar a su fin, y el final solo será provechoso cuando todos
los corruptos y encubridores vayan a la cárcel y devuelvan al país todos los
bienes mal habidos.
viernes, 17 de noviembre de 2017
Luis De la Torre Amaguaña
Era uno de esos días un tanto tristes en la comunidad de El Topo
de hace ya muchos años, más arriba de San Pablo, en Otavalo. El recuerdo en mi
memoria permanece intacto y veo a Luis De la Torre, con guitarra en mano y su
potente voz, interpretar la canción que decía: “Sapak inca Atawalpa, ankalli
runa Atawalpa…katari Atawalpa, runa rebelde Atawalpa”. El gran amigo, el gran
maestro, el gran intelectual kichwa; hoy ya no está con nosotros, ha partido
hacia el infinito, ha regresado como decía su hermana Luz, al regazo de la Pachamama;
porque surgimos de la tierra y a la tierra volveremos; porque somos polvo
cósmico y como tal regresaremos al cosmos, para ser parte de la energía que
transforma el universo. El recuerdo viene de esos años en que hacíamos esfuerzos
grandes por sacar adelante al Proyecto EBI -Educación Bilingüe Intercultural-,
y Luchito como lo llamábamos cariñosamente, era el Director Nacional de este
proyecto educativo de innovación.
Runas estudiados hay muchos, pero runas intelectuales hay
muy pocos, y Lucho era uno de esos principales, parte de esa generación de
kichwas que se habían preparado académicamente y que habían rebasado todas las
expectativas. Cuando regresó nuevamente a San Roque, nos encontrábamos
casualmente y siempre fluía una conversación extendida y provechosa, como no
podía ser de otra manera.
Reflexionamos y nos damos cuenta de las ironías de la vida,
al ver a gente incapaz lucrando de la política por décadas; mientras personajes
como Lucho De la Torre, un hombre extremadamente preparado para asumir una
función de elección popular, nunca lo pudo hacer. El pasado martes ya cerca del
mediodía, pude saludarle brevemente de pasadita, sin imaginarme que eran sus
últimos pasos. Hemos perdido a un gran ser humano, pero su memoria y legado
permanecerán por siempre, como un ejemplo claro para las futuras generaciones
de kichwas más que todo. Mis condolencias a sus hijos, hijas y demás familiares
que lloran su partida.
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