viernes, 26 de abril de 2013

De Taitas & de Mamas

“De Taitas & de Mamas” es un proyecto del Ministerio Coordinador de Patrimonio y la productora Mariandalab que busca preservar las expresiones musicales de auténticos músicos y artistas de los pueblos y culturas del Ecuador. Conocidos intérpretes como Don Naza, Papá Roncón, Las Tres Marías, Mariano Palacios, Mishqui Chullumbo y Julián Tucumbi; tuvieron el miércoles pasado, una inédita participación en el histórico y hasta hace poco “elitista” Teatro Sucre; evento que fue transmitido en vivo por Radio Pública del Ecuador.

El proyecto además de realizar presentaciones, tiene previsto publicar 36 000 discos conjuntamente con importantes diarios de cobertura nacional, esto con el ánimo de  generar un fondo para la sostenibilidad del proyecto y también abrir talleres para que los músicos puedan fabricar nuevos  instrumentos. Es una buena oportunidad para obtener este material musical, que pronto será de colección; acercarnos a la cultura nacional y dar un apoyo bien merecido al mismo tiempo, a los Taitas y Mamas, cantores y músicos de nuestro país.

Muy positivo que el Estado reconozca a tiempo a estos baluartes culturales del auténtico Ecuador profundo, con sabor coco y marimba, de maizales y pastizales, de chonta y chicha. Ante la existencia de tantos otros artistas populares menospreciados, sería muy saludable que este proyecto trascienda hasta convertirse en una política cultural de Estado. En Imbabura por ejemplo existen todavía patrimonios vivos que merecen ser reconocidos en plena existencia,  como el “Tayta Piki” de Peguche o el “Tayta Chavo” de Carabuela, y otros tantos desde el Valle del Chota hasta Otavalo; desde Pimampiro hasta Cotacachi. Extender gratitud y gratificación en vida, sería un acto de justicia. Democratizar la cultura debe ser tarea de todos. Reencontrarnos los ecuatorianos y ecuatorianas con nuestras auténticas raíces y asumirla, sería un acto altruista y digno.

viernes, 19 de abril de 2013

¿Maduro inmaduro?

Hace poco me llegó un correo que decía: “Oposición fascista desconoce triunfo de Nicolás Maduro”, al que respondí: “Fascista o no, representa a la mitad de los venezolanos, si existen dudas, las dudas tienen que ser despejadas según la Constitución y las leyes”. Considero que si Maduro ganó limpiamente como parece, aunque sea por un voto, esa decisión tiene que respetarse solemnemente, y eso tiene que ratificarse para tranquilidad de las dos partes.

Desde la enfermedad del extinto presidente venezolano Hugo Chávez, el oficialismo tiende a desesperarse vertiginosamente. A la muerte de su comandante los chavistas hicieron una hábil maniobra política para que Maduro y no Diosdado Cabello, ocupe la presidencia venezolana en forma interina, como reza la Constitución. Pero Maduro a pesar de ser un viejo lobo de la política, parecería que ha demostrado cierta inmadurez en sus acciones: manejó con un hermetismo descortés la enfermedad de su camarada y presidente; luego ante las exequias del líder bolivariano, tampoco demostró compostura de jefe de Estado; ofreció embalsamarlo y luego se detractó; sobredimensionó a Chávez, más allá de su condición humana; insinuó que Chávez en los cielos, había intercedido para que nombren un Papa latinoamericano; se autoproclamó hijo y apóstol de Chávez, habló de espíritus y pajarillos chiquititos; por último acepto una auditoria electoral, para luego retroceder. Indudablemente el presidente Nicolás Maduro no tiene el carisma, ni el liderazgo, ni la madurez política de Hugo Chávez.

Las últimas notas de prensa, no sé si corruptas o no, hablan de que el líder opositor Henrique Capriles está con orden de captura en su contra. También se habla de que el Presidente del Parlamento venezolano, Diosdado Cabello, destituyó a cuatro diputados de la oposición, un día después de que negara la palabra a quienes no reconocieran públicamente a Nicolás Maduro como gobernante electo. Todo indica que la típica altanería chavista del pasado, no se actualiza a la realidad política presente. Paz y prosperidad al pueblo venezolano.

Pacha y su significado

Las palabras de un idioma encierran las características filosóficas de un pueblo. En kichwa existen dos vocablos “mágicos” en cuanto a significación, “pacha” y “sumak”. Con respecto a la terminología pacha, el profesor Josef Estermann manifiesta que la determinación exacta de la parte kichwa o quechua pacha, nos plantea mayores dificultades. Se trata de un vocablo tan rico en acepciones y connotaciones, como talvez sea el vocablo “logos” en griego o la palabra “ese” en latín.
Según el diccionario, pacha puede ser adjetivo, adverbio, sustantivo y hasta sufijo. Como adjetivo, pacha significa “grande”, pero también significa interior; como adverbio, su significado es “al instante”, “de inmediato”, pero también “mismo”. Tiene entonces, como vemos, una connotación básicamente espacio-temporal.

Como sustantivo y en forma figurativa, pacha significa “tierra”, “globo terráqueo”, “mundo”, “planeta”, “espacio de la vida, pero también “universo” y “estratificación del cosmos”. Cuando se trata de la “tierra” como planeta, se dice kay pacha; cuando se trata de la tierra como materia orgánica, se usa el vocablo allpa; y cuando se trata de la tierra como base de la vida, se usa la expresión pachamama (madre tierra). También es interesante el hecho de que tanto el quechua o kichwa como el aymara conocen esta palabra pacha; así por ejemplo “tiempo” se expresa en kichwa-aymara como pacha. De todas estas informaciones lingüísticas del vocablo kichwa-aymara pacha, se concluye que es una palabra panandina y polisémica, de un significado muy profundo y amplio.

Filosóficamente, pacha significa el “universo ordenado en categorías espacio-temporales”, pero no simplemente como algo físico y astronómico. Pacha es la base común de los distintos estratos de la realidad que para el runa andino son cuatro: hawa pacha, kay pacha, uku pacha y chayshuk pacha (el mundo de arriba, el mundo presente, el mundo interior y el otro mundo). Sin embargo no se trata de mundos o estratos totalmente distintos, sino de aspectos o espacios de una misma realidad interrelacionada.

domingo, 7 de abril de 2013

Yachay

Sin duda alguna, al concretarse la Ciudad del Conocimiento “Yachay” en el cantón Urcuquí, sería la obra cumbre del gobierno de la revolución ciudadana. El proyecto tal como se ha concebido, será también una empresa educativa e investigativa de alto nivel, con una dinámica enlazada con el desarrollo sostenible del país; sería pues el primer paso en la transición hacia una economía post petrolera. Por otro lado notemos que el término kichwa “yachay”, significa conocimiento, sabiduría, entendimiento; y nos complace que por fin se utilice terminología autóctona, sin los prejuicios de antaño, como tiene que ser; más aún en mega proyectos de gran trascendencia para el país.

La Ciudad del Conocimiento, con su Universidad de Investigación Experimental Tecnológica; sus áreas de investigación divididas en Ciencias de la Vida, Nanotecnología, Tecnologías de la Información y Comunicación, Energía Renovable y Cambio Climático, y Petroquímica; la participación de la empresa privada con sus compañías de categoría mundial y nacionales; potenciarán el incremento de la producción de alta tecnología en el Ecuador, paralelamente la Ciudad será un polo de desarrollo en la región norte del país y favorecerá la creación de nuevos empleos en la zona. A esto se lo llama tener visión de futuro, mirar erguidos hacia el horizonte, saber invertir a largo plazo.

Es hora de que la popular frase futbolera de “sí se puede”, se transcriba hacia aspiraciones y anhelos que verdaderamente valen la pena. No hay para qué buscar más, el verdadero progreso está en la educación; un pueblo educado sabe elegir a dirigentes honestos y competentes, diferenciar un discurso serio de una prédica demagógica, progresar en condiciones adversas; en definitiva, un pueblo educado trabaja y prospera sin culpar a nadie de sus males.

martes, 2 de abril de 2013

El calvario de la matriculación

Faltaba un par de días para que finalice el mes. Madrugué a las 3 de la mañana para coger un turno de revisión vehicular, previa su matriculación anual. Para sorpresa mía la Av. Paz Ponce de León de la ciudad de Otavalo, estaba copado por vehículos que buscaban el mismo trámite, la fila continuaba por la calle transversal que sale al parque San Sebastián; me ubique aproximadamente en el turno número 40, muchos según me enteré después, habían llegado la noche anterior a dormir en la fila que al día siguiente comprendía más de cuatro cuadras y llegaba a más de 100 vehículos, y eso que era recién el primer mes de matriculación.

Para la revisión vehicular, hay que realizar el pago del costo de la matrícula, al que se suma el llamado impuesto verde, en un banco; a estos trámite se suma el pago o la adquisición del seguro SOAT, pago del impuesto municipal al rodaje, pago del impuesto al Gobierno Provincial, el certificado de no adeudar al parqueo municipal, pago de infracciones si es que lo tuviere, adjuntar copias a color, en blanco y negro, etc. Se debe recordar que para cada uno de estos trámites enumerados, hay que pasar por una estresante “cola”. Para el caso del pago al Gobierno Provincial, los otavaleños a veces debemos viajar en ida y vuelta unos 50 km, hasta Ibarra. En traspasos de dueños, el asunto parece que se extiende más. Este es el despreciado y tedioso calvario, no apto para personas enfermas, que tenemos que pasar cada año.

Cuando llegó el cambio administrativo a la Dirección de Tránsito, de policías a civiles, había una entusiasmada esperanza de que las cosas fueran a mejorar, pero como se ve, no ha cambiado en casi nada, incluso sus oficinas siguen siendo las mismas. Como los dos únicos objetivos de la matriculación vehicular, son el cobro de impuestos y la revisión de los vehículos, se debería fijar sus dos únicos trámites: el pago de todos los valores en un banco y la revisión en varias agencias autorizadas y punto; pero somos campeones para perder tiempo y acumular toneladas de papel.

viernes, 22 de marzo de 2013

Hace ya algunos años

Hace ya algunos años, nos entregábamos con devoción y dedicación al ciclismo de montaña, entendido como un pasatiempo deportivo. Descubrimos que la provincia de Imbabura tiene una gran cantidad de rutas ciclísticas de inigualable belleza natural; una de ellas es la que  nosotros bautizamos como la “Vuelta al Imbabura”, y literalmente era una vuelta completa al cerro Imbabura. Esta era una ruta propicia para los novatos, pues no demandaba de tanto esfuerzo físico, claro en aquellos años; el único tramo un tanto tedioso y cansado era la trepadera desde San Pablo de Lago hasta la cima de la comunidad de Ugsha; a partir de aquel punto geográfico de tranquilo vuelo de aves autóctonas, comenzaba un alegre descenso  hasta llegar a Zuleta, lugar donde se encuentra la famosa hacienda de los Plaza Lasso; recuerdo que en aquel lugar, junto al estadio de la comunidad podíamos degustar de exquisita comida lugareña dominical, para reponer energías que nos exigían nuestros cuerpos cansados.

El tramo comprendido entre Zuleta y Caranqui, era la más divertida, pues se contaba con un descenso moderado de impecable empedrado, que nos facilitaba desarrollar grandes velocidades. De Caranqui, sitio histórico precolombino, hasta la parroquia de San Antonio, era un complejo de caminos vecinales muy fácil de cruzar; y el regreso a Otavalo por la línea férrea o por el entonces empedrado camino antiguo, a pesar de ser un poco cansado era muy relajante. Toda esta vuelta al tayta Imbabura, con sus paradas turísticas y de abastecimiento, requería la inversión de un par de dólares y de seis horas aproximadamente.

En la actualidad con el advenimiento del asfaltado para toda esta ruta, la hace peligrosa para los ciclistas e inapropiada para el ciclismo de montaña, esto obliga a descubrir nuevas rutas alternas que seguro lo habrán. Cuanto añoramos hoy, dejar nuestra rutinas, desempolvar nuestra bicicletas, para revivir aquellos tiempos de sano esparcimiento. El deporte combinado con la belleza natural, es amiga muy cercana de la salud y la felicidad. 

¿Quién puede oponerse al desarrollo?

¿Quién puede oponerse al desarrollo? Pues un grupo de otavaleños, no sé si en equidad de género, a los que se han sumado políticos claramente identificables. La descentralización de servicios, la recuperación de espacios públicos, la construcción de un nuevo mercado que sea funcional, son algunas de las obras que beneficiarán no solamente a los que vivimos en la bella ciudad de Otavalo, sino al cantón y al turismo en general, de los que muchos otavaleños captamos recursos para poder vivir.

Ventajosamente se percibe que la gran mayoría de otavaleños(as), lejos de tener cualquier diferencia con la actual administración, por sentido común, apoya la construcción de las grandes obras, entre ellas la construcción del nuevo mercado; que contrariamente a la creencia de que podría perjudicar a alguien, beneficiará enormemente a nuestra ciudad en su conjunto. Un mercado altamente comercial y digno tanto para vendedores y usuarios; una zona turística de alta plusvalía para los vecinos del actual mercado, serían algunas de sus bondades. Decir lo contrario dibuja claramente un sentimiento mezquino y poco razonado, de los que ilusoriamente dicen tener argumentos de contraposición. Son dos factores importantes los que han producido esta situación de conflicto en torno a la construcción del nuevo Mercado 24 de Mayo: el desconocimiento, término que a algunos les gusta remplazar con ignorancia, y la manipulación politiquera.

Hace mucho tiempo que algunos otavaleños(as), hemos soñado con un cantón y una ciudad ordenada, limpia, turística y productiva; con mercados amplios e impecables, parques y plazas de llamativa arquitectura; que nos permita recuperar aquel Otavalo turístico de renombre internacional. Esa debe ser la meta para cualquier político razonable que aspire la alcaldía de Otavalo; rechazar esos ítems de desarrollo, o volantear afirmando que el actual estadio de El Batán es un patrimonio cultural a preservarse, creo que responde a un extraño sinsentido, quizá producido como decían nuestros coterráneos, por dormir sin almohada. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Hasta siempre comandante

Con la muerte del Presidente Chávez, la revolución bolivariana ha quedado sola, y la figura de este carismático líder venezolano, pasa a engrosar junto al de Che Guevara, Salvador Allende y del  mismo Fidel Castro, aquella lista mítica y hasta cierto punto folclórica que se ha creado en Latinoamérica.
 Indudablemente la influencia de Chávez en esta región es innegable y más aún dentro de Venezuela; sus acciones y su visión marcarán profundo en la historia política de nuestras naciones. Como político y más que todo como ser humano, Chávez tuvo sus aciertos y sus errores; muy rescatable la redención de los más humildes en su país y el afán de concretar al igual que Simón Bolívar, la ansiada unidad latinoamericana.

Para los chavistas venezolanos el panorama político se torna difícil, ese es el precio de un modelo político centrado y patriarcal a la que estamos acostumbrados en Latinoamérica. La muerte de Hugo Chávez es equiparable con la muerte de un padre de familia de carácter fuerte, en donde la viuda y sus hijos quedan a merced de la incertidumbre. Es posible como ha sucedido en otros casos que se produzca un cisma al interior de la clase dirigencial del chavismo, que posibilitaría un rápido ascenso de la oposición al poder; o el heredero a propias palabras del extinto Chávez, Nicolás Maduro, podría potenciar su legado político y aglutinar a las masas fajo su figura. Ciertamente en política es difícil presagiar.

Lecciones importantes quedan de este suceso político: por más importante, valiente e inteligente que sea un ser humano, al final es circunstancial y pasajero. Como con cualquiera de los seres humanos, ahí quedan las buenas obras y para los conspicuos observadores, también las malas. Políticamente no es el momento de claudicar a los cambios y a las buenas acciones, pero sí el de corregir las grandes equivocaciones del llamado socialismo del siglo XXI. Bien cabe en estos momentos aquella canción clásica del compositor cubano Carlos Puebla, titulada: Hasta siempre Comandante.

viernes, 1 de marzo de 2013

El fandango kichwa de la tristeza

Quién creyera que en el funeral kichwa de un infante se baila. Desde la óptica occidental esto de bailar en un funeral parecería descabellado, pero no lo es; es una práctica cultural de los kichwas que tiene una explicación racional, y que además lamentablemente tiende a desaparecer por la occidentalización mental, a la que nos hemos expuesto. Es una clara muestra de cuanto difieren nuestras culturas.

La música del “wawa wañuy” o el funeral infantil, es ritual; y es llamado fandango, quizás por algún parecido con un antiguo baile español, muy común todavía en Andalucía. En el caso de los kichwa-otavalos, los padrinos del o la menor fallecida son notificados del triste acontecimiento; son ellos los que preparan una mortaja especial, un altar blanco y el contrato con los músicos para este ritual. Los familiares y los más allegados llegan al velorio con comidas, que consiste en coladas dulces y pan, después pueden beber un poco de alcohol, y al son del fandango que es una melodía con aires de tristeza y alegría, los compadres bailan en medio del llanto. Esta forma de acompañamiento, que es una manera de enfrentar a la muerte como una ley natural y de asimilar la vida, puede durar toda la noche, previo al entierro. De ninguna manera es un festejo como se podría pensar; es una forma de bailar el dolor y el llanto, para poder aceptar la triste realidad, una manera de socializar el dolor para no sobrecargarse ni emocional, ni psicológicamente.  

El fandango kichwa se lo interpreta con instrumentos europeos: el arpa y el violín, a los que se suman cánticos y ritmos vernáculos; es una melodía andina ceremonial reservada a la muerte de un menor y al matrimonio; es la música que se identifica con el compadrazgo, que es la institución en la cual gira la vida social de los kichwas. Actualmente el baile del fandango ha sido ampliamente aceptado por la juventud y se ha convertido en un elemento cultural básico que  nos identifica como pueblo kichwa.

lunes, 25 de febrero de 2013

¿Por qué ganó Rafael Correa?

Sabíamos del triunfo del candidato presidente Rafael Correa, pero no sabíamos del triunfo abrumador que iba a obtener en las pasadas elecciones, una sorpresa que merece más de una explicación. Primero: el oficialismo triunfó porque en el electorado se percibe que las cosas positivas del gobierno, pesan más que las cosas negativas. Segundo: el oficialismo a más de contar con los medios llamados públicos, acaparó totalmente los espacios en los medios masivos de comunicación durante la campaña política, tal como lo demuestra un estudio de Participación Ciudadana. Tercero: el hecho de estar en el poder facilita conseguir ingentes cantidades de recursos logísticos y económicos, para una campaña política exitosa; a esto se sumaría el manejo acertado del marketing político. Cuarto: el gobierno subió el Bono de Desarrollo Humano en un momento propicio, a cerca de 2 millones de ecuatorianos; suficiente con multiplicar solo por dos votos, para ganar la presidencia. Quinto: la oposición quedó un tanto inmovilizada con el control electoral ejercido por el CNE, afín al gobierno. Sexto: la fragmentación de una oposición sin propuestas convincentes y la falta de una comunicación efectiva con el electorado; entre otras.

Si bien ganó la reelección el Presidente Correa, hay que recordarle que de todo el electorado, aproximadamente la mitad de los ecuatorianos no votaron por él, es un dato que deberían recordar a la hora de tomar en cuenta la participación de otros sectores políticos y sociales. Pero así es el juego democrático, respetable y perfectible. Como demócratas no nos queda más que reconocer su triunfo, felicitarlo y desearle éxitos por el bien de todos los ecuatorianos y ecuatorianas. El nuestro es una democracia en construcción, por lo que exigimos al gobierno, mayor justicia y una participación ciudadana real; respetando la institucionalidad democrática, la división de poderes, la alternabilidad, y las libertades fundamentales, como seres humanos y ciudadanos.

viernes, 15 de febrero de 2013

Violencia y democracia

El compromiso con las libertades y la democracia, debe primar sobre cualquiera de las intenciones que tenga un gobernante. Paralelamente el fortalecimiento de las políticas públicas destinadas a los sectores sociales más vulnerables del país, debe ser irrenunciable. En términos más sencillos, nadie puede ser sojuzgado ni en su integridad física ni espiritual, y tampoco nadie debe padecer de hambre o desnutrición. Es la mínima exigencia que haría cualquier ciudadano o ciudadana de cualquier país del mundo. La contravención a estas mínimas exigencias, de hecho generaría conflictos y hasta violencia de grueso calibre.

El 6,2 % de nuestros niños padecen de desnutrición, en Chile solo  el 0,5%, para hacer una comparación. A nivel regional nuestro país ocupa el primer lugar en desnutrición infantil según la organización Mundial de la Salud. Por otro lado se evidencia que la violencia verbal genera violencia física. Un país violento y corrupto es un país inseguro. El cumplimiento de la ley y la buena postura deben ser ejemplificadas desde arriba, desde los estamentos más altos del poder; si esto no sucede, no nos debería sorprender que los índices de criminalidad hayan crecido considerablemente en los últimos años.

Ecuador ya no es aquella “isla de paz”. Al igual que en otros países latinoamericanos se hace difícil encontrar aquella fórmula eficaz que ponga un freno a la criminalidad, que incluso pone en serios riesgos la misma existencia del Estado, como en el caso mejicano. La seguridad física y la seguridad jurídica, deberían ser sacralizadas como una norma básica para alcanzar cualquier tipo de desarrollo.

Es sobre esta amplia base: democracia que implique respeto, la asistencia social, y la seguridad física como jurídica, donde se debe aplicar el cultivo de un buen sistema educativo e investigativo; como también el respeto y el impulso a las iniciativas emprendedoras asociativas y privadas, que complementarían la construcción de un Ecuador próspero y pacífico. Por el bien de todos, deseamos éxitos al futuro gobernante de nuestro país.

viernes, 8 de febrero de 2013

Mala práctica productiva

En la concesionaria Chevrolet de Imbabura se han agotado los vehículos; ese fue el comentario de un trabajador de dicha empresa. En el mes de febrero particularmente es bien sabido que se disparan las ventas de vehículos en la provincia, la razón: el regreso de los kichwas otavalos a su tierra, a las celebraciones del Carnaval y el Pawkar Raymi. Es importante señalar que los mindalaes otavalos, inyectan y mueven un importante capital en la provincia de Imbabura.

Pero estos recursos económicos logrados a base de innumerables sacrificios en el exterior, no son reinvertidos adecuadamente, sino más bien destinados básicamente a la compra de propiedades, vehículos y bienes suntuarios. Esto es un problema muy serio, si es que se lo analiza adecuadamente. Son millones de dólares mal invertidos que potencialmente podrían reactivar el precario aparato productivo local, que se sostiene a medias, gracias a la persistencia de los artesanos otavaleños, que están a punto de colapsar económicamente. Alguien podría preguntarse ¿Cómo es eso de que hay dinero y no hay dinero? La respuesta es fácil: hay dinero mal invertido que se disipa rápidamente.

Es increíble notar que en la mayoría de los casos, los artesanos otavaleños no han podido renovar sus vetustas maquinarias, ni tampoco diversificar sus diseños y sus productos. ¿Quiénes son los responsables de este estancamiento? Pues todos, ustedes, nosotros; los dirigentes que no han podido conciliar programas de actualización productiva con los diferentes estamentos gubernamentales; pero básicamente las autoridades, pues son ellas quienes manejan recursos y fijan las llamadas políticas públicas. Más allá de la creación de una burocracia rimbombante destinada a la productividad, los artesanos necesitan aprender, experimentar, comprobar, iniciar y emprender; a la luz de un asesoramiento vinculante y la dotación oportuna de recursos. Difícil que en estos tiempos de efervescencia revolucionaria, alguien regrese a mirar nuestra malhadada productividad.

viernes, 1 de febrero de 2013

Comunidad kichwa urbana

Reconocemos que por heredad histórica el vasto espacio geográfico Imbaya, sean estos rurales o urbanos son territorios kichwas, por hoy formalizados como parte del territorio ecuatoriano. Pero la territorialidad más que un espacio insípido, se nutre y se complementa con la vivencia de un colectivo en particular, y es así que hoy se habla de territorios indígenas, espacios geográficos sean estos comunitarios o particulares, donde se desarrolla la vida comunitaria según sus tradiciones y cultura. Hablar hoy de comunidad kichwa urbana, sorprende a más de uno, por la lógica colonialista que a raíz de la conquista española formateó la convivencia entre conquistadores y conquistados: ciudades para los “blancos”, campo para los indios. Romper esta lógica media milenaria no es tan sencillo.

El caso de la ciudad de Otavalo rompe estereotipos y se perfila como un hecho inédito en cuanto a la conformación de una comunidad kichwa urbana. Hace 50 años o menos, el “indio” otavaleño no podía caminar por las veredas de las calles, pues estas eran de uso exclusivo de los blanco-mestizos residentes de la ciudad; pero esta realidad ha cambiado hasta el punto de reconocer a Otavalo como la ciudad intercultural del Ecuador. Más allá del predominio kichwa en la urbe, hoy podemos hablar de una comunidad kichwa urbana. La ciudad ha sido prácticamente tomada por los indígenas no solo con la adquisición de propiedades, sino con la creación y la recreación de nuestra vivencia comunitaria dentro de la ciudad; sino ¿Cómo explicar los “ñawi mayllay” que se realizan en la ciudad?, o ¿el inti raymi de junio que se vive más intensamente que en las comunidades rurales?, o ¿los “kukawis” que se reparten en sus fiestas?, o ¿la solidaria vida social?, o ¿el dulce kichwa que retumba en sus calles? ¿Si esto no es una convivencia comunitaria, por favor díganme qué es?

Plaza central de Urcuquí - Imbabura