domingo, 1 de junio de 2014

Mi abuelo


Mi abuelo paterno Miguel, de estatura mediana y piel más blanca que cobriza, era una especie de alquimista andino. En su casa de tapial y teja, en el sector Chimbaloma de la comunidad de Agato, se dedicaba a un sinfín de actividades, como; tejeduría, agricultura, trueque, comercio, escultura, espiritualidad, también curaba lesiones, torceduras y un sinfín de cosas. Además de inventor, tenía una serie de artefactos extraños entre ellas, piedras brillantes que según él, eran con las que jugaron la “chunkana” los “montes”, entre ellos el tayta Imbabura. Conocía fábulas e historias inimaginables, que nos recreaba junto a la “tullpa”, mientras mi abuela Josefina, hervía la sopa de coles con papas para la cena. Cuando habré tenido unos ocho años, del tronco de un árbol, sacó un vistoso caballito de madera, en que los chicos nos entreteníamos las tardes.

Como buen sabedor de la espiritualidad, tenía en su casa un cráneo, no uno cualquiera, sino de un pariente mismo, fallecido hace mucho. Aseguraba que su espíritu estaba presente y que se manifestaba de distintas formas, algunas veces en los sueños y otras en directo, al lanzar piedrecitas, silbar o hasta hablar en ciertas ocasiones. El motivo principal para que este resto sagrado esté en la casa, era la de cuidar el domicilio ante los ladrones, que eran tan “célebres” como los de ahora. Recuerdo como si fuese ayer, aquella apacible vida campestre, cuando ni siquiera la electricidad había llegado a nuestras casas, en medio de maizales de tallos enormes por doquier, que nos daba la impresión de estar en la “sacha”, la selva de los “yungas”.

Tristemente Miguel enviudó joven, después de hacer su vida sólo por un tiempo, se mudó a vivir con nosotros. Ya cerca de su ocaso, se convenció de que había tenido una revelación, estaba completamente convencido, que bajo su casa –que estaba sobre una tola- existía un tesoro ancestral muy valioso; no éramos quién para contradecir sus conocimientos y sabiduría. Por un tiempo se dedicó completamente a la labor de excavar, ante la extrañeza de sus hijos y nietos. Al no haber acumulado riqueza alguna, la idea de él era, dejarnos algún legado material.      

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